Francia es uno de los países más ricos, cultos e innovadores del mundo. Construyó una de las mayores flotas nucleares del planeta, el TGV, Airbus y Ariane. Y, sin embargo, hoy discute su presupuesto como quien negocia con el banco: sin mayoría, con calificaciones a la baja y con una factura de intereses que crece cada año. La razón es sencilla y vale para cualquier país: se puede repartir mucho tiempo lo que no se produce, pero no se puede repartir para siempre. Francia ya tocó ese límite. México, guardadas las proporciones, va por el mismo camino.
Un Estado que gasta 57 de cada 100 euros
Según el INSEE, el instituto oficial de estadística francés, el gasto público fue de 57.3% del PIB en 2025, frente a 57.0% en 2024. Los ingresos fueron de 52.2% y los impuestos y contribuciones obligatorias llegaron a 43.6%. Aun cobrando así, el déficit fue de 5.1% del PIB, unos 152,500 millones de euros. La deuda pública cerró 2025 en 115.7% del PIB. La economía creció apenas 0.8%.
En gasto social, la OCDE ubica a Francia en 30.6% del PIB en 2024, contra un promedio de 21.2%. Francia está en el grupo de los que más gastan, junto con Austria y Finlandia. Y cuando el gasto sube, lo que más empuja son las prestaciones sociales: cerca de 60% del aumento del gasto en 2025, con las pensiones como el rubro más grande.
México no gasta como Francia, y conviene decirlo con todas sus letras. Con la medición comparable de la OCDE, el gasto social público de México ronda el 10% del PIB, un tercio del francés. Pero el tamaño no es lo que importa aquí, sino la dirección. En 2025 México creció lo mismo que Francia, 0.8% según el INEGI, y fue el cuarto año seguido de desaceleración. Mientras tanto, Hacienda reporta que el gasto en desarrollo social llegó a un máximo histórico de 13.1% del PIB, con 794,000 millones de pesos para los Programas para el Bienestar. El patrón es el mismo: el reparto crece y la economía no.
Las pensiones: el gasto que nadie se atreve a tocar
El Consejo de Orientación de las Pensiones de Francia calcula que en 2025 las jubilaciones costaron 422,000 millones de euros, 14.1% del PIB y casi la cuarta parte de todo el gasto público. Entre los países que sigue ese consejo, solo Italia dedica una proporción mayor de su economía a pensiones públicas.
En 2023 el gobierno subió la edad de retiro de 62 a 64 años, con enormes protestas. Dos años después, para sobrevivir políticamente, la suspendió: la ley de financiamiento de la Seguridad Social para 2026 congeló el aumento hasta enero de 2028, y desde el 1 de septiembre de 2026 las generaciones nacidas entre 1964 y 1968 se retiran unos meses antes de lo previsto. Una reforma necesaria se convirtió en moneda de cambio para conservar el gobierno.
México va en la misma ruta y a mayor velocidad. Según México Evalúa, el gasto en pensiones pasó de 3.4% del PIB en 2018 a 6.0% previsto para 2026: casi el doble en ocho años. El Congreso aprobó 2.32 billones de pesos para pensiones en 2026, de los cuales 619,743 millones son pensiones no contributivas, que no se pagan con lo que aportó cada quien sino con impuestos. El CIEP advierte que ese gasto ya equivale a cerca de 40% de los ingresos tributarios. La demografía no negocia: cada año hay más adultos mayores y vivirán más tiempo. Prometer más sin decir de dónde saldrá el dinero no es justicia social, es dejarle la cuenta a los jóvenes.
La factura de los intereses
Cuando se gasta más de lo que se recauda año tras año, el costo de la deuda termina comiéndose el presupuesto. La Agencia Francia Tesoro prevé que el Estado pague 62,600 millones de euros en 2026 por el costo de su deuda y 72,900 millones en 2027, 10,300 millones más en un solo año. Solo en el primer semestre de 2026 se fueron 34,500 millones de euros en intereses, 18.3% más que un año antes. Es dinero que no construye un hospital ni contrata a un maestro. Solo paga lo que ya se gastó.
En México pasa algo parecido. México Evalúa calcula que el pago de intereses de la deuda pasará de 3.8% del PIB en 2025 a 4.1% en 2026, el nivel más alto desde 1991. El déficit en su medida más amplia, los Requerimientos Financieros del Sector Público, fue de 4.8% del PIB en 2025, por encima de la meta, y la deuda total llegó a un máximo histórico de 18.8 billones de pesos, 53.1% del PIB, según el IMCO con datos de Hacienda. A eso se suma el rescate permanente de Pemex: 192,000 millones de pesos de apoyo extraordinario en 2025 para pagar a proveedores y 263,500 millones de transferencias previstas en 2026 para pagar su deuda. Una empresa que antes le daba dinero al país hoy se lo pide.
El castigo de los mercados y la parálisis política
Los acreedores ya tomaron nota. En septiembre de 2025 Fitch bajó la calificación de Francia de AA- a A+, la más baja de su historia con esa agencia. En octubre S&P hizo lo mismo, y Moody’s mantuvo la nota pero con perspectiva negativa. Las agencias citaron la misma causa: la inestabilidad política pone en riesgo el ajuste de las finanzas.
Esa inestabilidad es real. Michel Barnier cayó por una moción de censura en diciembre de 2024, François Bayrou perdió la confianza de la Asamblea en septiembre de 2025, y Sébastien Lecornu gobierna sin mayoría. Su presupuesto para 2027, que busca 54,000 millones de euros de ahorro para bajar el déficit a 5.0%, llegó a la Asamblea el 13 de octubre después de que la comisión de diputados rechazara casi por unanimidad su parte de ingresos. Dentro del propio gobierno ya se habla de aprobarlo por ordenanza, sin voto del Parlamento, algo inédito en la Quinta República. Cuando tantos dependen del reparto, recortar se vuelve políticamente imposible, aunque sea aritméticamente necesario.
Lo que se deja de invertir
El reparto sin crecimiento tiene una víctima silenciosa: la inversión. Lo que se va a pensiones, intereses y subsidios no se va a carreteras, agua, hospitales ni seguridad. En México, la inversión física del gobierno federal será de 2.5% del PIB en 2026, según México Evalúa, frente a 4.5% en 2014. Menos de uno de cada diez pesos del presupuesto se destina a infraestructura. Es la receta para crecer poco mañana: se sacrifica el futuro para pagar el presente.
La lección
Francia demuestra que ni la riqueza ni el talento bastan cuando el Estado promete más de lo que la economía produce. Su modelo redistributivo se sostuvo mientras hubo crecimiento, como en las tres décadas de auge que siguieron a 1945. Cuando el crecimiento se fue, quedaron las promesas, los impuestos altos y la deuda.
México no es Francia: gasta mucho menos y tiene una deuda mucho menor. Pero recauda también mucho menos, crece igual de poco y está repitiendo la misma lógica: más transferencias, más pensiones, más deuda, menos inversión y empresas del Estado que absorben recursos en lugar de generarlos. Ayudar a quien lo necesita es un deber moral que nadie debe discutir. Pero la caridad verdadera busca que el otro pueda valerse por sí mismo, y un país solo puede ser solidario con lo que produce. La justicia social empieza por el trabajo, la inversión y la productividad, no por el reparto de lo que todavía no se ha ganado.
Francia llegó al límite con una economía rica. México no debería esperar a descubrir el suyo con una economía que apenas crece.
