La parálisis reactiva del gobierno capitalino y las alcaldías
En la Ciudad de México, la Ley de Vivienda (Artículo 3) estableció desde 2017 un estándar claro y vinculante: para que un espacio sea considerado vivienda adecuada en sentido pleno, debe cumplir siete elementos obligatorios inspirados en los estándares internacionales, no son sugerencias; son obligaciones que pesan directamente sobre el gobierno de la ciudad y las 16 alcaldías.
Sin embargo, después de casi una década, la realidad es devastadora: el gobierno y las alcaldías no hacen prácticamente nada para cumplirlos de manera estructural, todo es reactivo, se actúa solo cuando estalla una crisis —un sismo, una inundación, una protesta vecinal o un escándalo mediático—, con parches temporales, subsidios de emergencia y promesas que se diluyen en la burocracia, nada es creativo, no hay visión de largo plazo, no hay políticas innovadoras, no hay voluntad para copiar lo que ya funciona en otras megaciudades, solo inercia administrativa y clientelismo electoral, desenredemos los siete hilos para ver punto por punto, cómo la omisión oficial convierte la ley en letra muerta.
1. Seguridad y certeza jurídica de la propiedad o legítima posesión
Miles de familias en Iztapalapa, Tláhuac o Gustavo A. Madero siguen sin escrituras definitivas después de décadas, cuando llega un desalojo polémico, el gobierno reacciona con mesas de diálogo y promesas de regularización que nunca terminan, no hay un sistema de estabilización de rentas como en Nueva York ni la seguridad vitalicia de la vivienda social en Viena, las alcaldías solo intervienen cuando hay cámaras de televisión, cero creatividad: ni registro obligatorio de arrendamientos ni defensa legal pública automática.
2. Disponibilidad de infraestructura, equipamientos, servicios básicos y espacios públicos
En periferias enteras, el agua llega en pipas y el drenaje se desborda cada temporada de lluvias, el gobierno responde con pipas de emergencia y obras parchadas después de cada inundación, no hay planificación integral como en Viena, donde cada nueva vivienda social trae servicios completos desde el día uno, las alcaldías aprueban fraccionamientos “listos” que luego quedan incompletos, reactividad pura: se tapa el hoyo cuando ya se inundó la casa, nunca se evita el hoyo.
3. Habitabilidad: espacio suficiente, intimidad, seguridad estructural e higiene
Después del sismo del 19 de septiembre de 2017, el gobierno lanzó programas de reconstrucción que años después, aún dejan familias en albergues o en edificios remendados, cada nuevo temblor o inundación genera otro operativo de emergencia, no existe un código de mantenimiento obligatorio con plazos judiciales cortos, como en Nueva York, ni las renovaciones sistemáticas que mantienen habitables los complejos vieneses desde hace un siglo, las alcaldías solo actúan cuando colapsa un edificio, cero creatividad: se reparan daños, pero no se previene el riesgo estructural de manera masiva.
4. Asequibilidad: que no te deje sin comer ni sin salud
Las rentas devoran más del 50 % de los ingresos en zonas céntricas y la gentrificación expulsa a familias enteras, el gobierno ofrece subsidios aislados o créditos que benefician más a desarrolladores que a la gente, no hay estabilización de rentas como en Nueva York, ni el stock masivo de renta controlada permanente de Viena, ni siquiera las cuotas obligatorias de ZEIS de São Paulo, todo es reactivo: cuando suben las protestas por desalojos, se anuncia un “apoyo temporal”, ninguna política creativa que limite en forma racional los aumentos, ni obligue a incluir vivienda asequible en cada nuevo desarrollo.
5. Accesibilidad: diseño universal para todas las edades y capacidades
En una ciudad que envejece y con más de un millón de personas con discapacidad, rampas y ascensores siguen siendo excepción, las alcaldías solo exigen accesibilidad cuando hay queja formal o cuando se trata de un proyecto insignia, no hay exigencia universal en toda nueva vivienda como en Viena ni incentivos fiscales para remodelación masiva, reactividad: se adapta un edificio después de que un adulto mayor se cae en la escalera, cero visión creativa para hacer la ciudad habitable para todos desde el diseño.
6. Ubicación adecuada: cerca de empleo, servicios y lejos del peligro
Se siguen autorizando desarrollos en periferias lejanas o en zonas de riesgo, condenando a las familias a tres horas de traslado diario, después de cada tragedia (inundación, derrumbe), se promete “reubicación”, no hay la integración con transporte y empleo que logran Nueva York y Viena, ni se evita el error periférico de São Paulo, las alcaldías aprueban licencias sin estudios de impacto reales y luego reaccionan con quejas de transporte temporal, la creatividad brilla por su ausencia: cero política de densificación inteligente en corredores de movilidad y del transporte público necesario mejor ni hablamos.
7. Adecuación cultural y ambiental: respeto a la diversidad y al entorno
El modelo uniforme de torres blancas genéricas sigue dominando, ignorando patios tradicionales, chinampas o soluciones locales, solo cuando hay marcha de pueblos originarios o denuncia ambiental, el gobierno promete “consulta”, no hay participación vinculante real como en los mejores casos de ZEIS de São Paulo ni la sostenibilidad integrada de Viena, reactivo hasta el final: se “resuelve” el conflicto cuando ya hay conflicto.
El gobierno de la Ciudad de México y las alcaldías tienen la ley desde hace nueve años, tienen los ejemplos de Nueva York (regulación fuerte), Viena (vivienda social de calidad permanente) y hasta las lecciones amargas de São Paulo (qué no hacer), pero prefieren la comodidad de la reactividad: esperar a que ocurra la crisis, dar un anuncio, repartir apoyos temporales y pasar a la siguiente emergencia, nada estructural, nada creativo, nada que realmente transforme la ciudad.
Esta parálisis no es casualidad; es una elección política, mientras sigan actuando solo cuando les duele la presión mediática o electoral, los siete hilos seguirán enredados y la “vivienda adecuada” seguirá siendo un artículo de la Gaceta Oficial, no una realidad en las colonias, la ley ya existe, lo que falta es gobierno.
Los ciudadanos ya sabemos qué exigir: no más parches reactivos, políticas creativas, estructurales y a la altura de una metrópoli del siglo XXI.
