La navaja que solo se conserva si se presta

El sábado, en una peluquería de las que todavía tienen sillón de fierro y un calendario de refaccionaria en la pared, don Chema le pasó la navaja al muchacho. No se la dio: se la pasó, por el mango, con la hoja hacia sí mismo, como se entrega algo que puede cortar. El cliente era un señor de guayabera que lleva treinta años sentándose ahí. Arqueó la ceja, miró el espejo y no dijo nada. El muchacho le enjabonó la nuca con la brocha, tensó la piel con dos dedos y bajó la hoja despacio. Don Chema no miraba la nuca. Miraba la muñeca del aprendiz. Afuera pasó el del gas golpeando su tanque con la llave, y nadie se distrajo.

Yo esperaba turno con el periódico de ayer. Pensé que acababa de ver, sin proponérmelo, la escena política más seria de la semana.

Tengo un negocio desde hace años y he visto cerrar otros alrededor. Casi ninguno murió por falta de clientes. Murieron con su dueño, porque el dueño nunca soltó la navaja. Se creía insustituible, y tenía razón: nadie lo sustituyó porque nunca dejó que nadie aprendiera. Lo que no se presta no se conserva. Una tradición que nadie hereda no es tradición; es una colección.

Algo parecido ocurre en Donceles. De los 66 lugares del Congreso de la Ciudad de México, 22 los ocupan personas electas en 2021 y otra vez en 2024, según el recuento que publicó el consejero del IECM Ernesto Ramos Mega. Otro dato, menos estable y más elocuente: en agosto se contaban 27 diputados locales con la mano levantada para ir por una alcaldía. Cuatro de cada diez. La curul, vista así, no es un oficio sino una antesala. Se entra al Congreso para ver por dónde se sale hacia otra silla, y cuando la otra silla se acaba, se regresa. Los nombres cambian de cargo como quien cambia de saco, y la ciudad los ve pasar con la paciencia de quien ya se aprendió el desfile.

No me escandaliza que alguien quiera repetir. La reelección se pensó para que el vecino pudiera premiar o castigar a quien ya conoce, y eso tiene una lógica de mostrador: si me atendiste bien, regreso. El problema es otro. En 2021, de 34 candidaturas que buscaron reelegirse en el Congreso local, once cambiaron de principio: quien había ganado un distrito se pasó a la lista plurinominal, o quien llegó por lista salió a buscar un distrito ajeno. El signo de la reelección, volver a la misma puerta a preguntar cómo lo hice, se volvió su contrario: tocar otra puerta donde nadie me ha visto trabajar. En el papel, la inversión tiene su gracia. Se disfruta menos cuando uno vive en el distrito que se quedó atrás.

Hay además un detalle de calendario con algo de comedia. La reforma de 2025 prohíbe la reelección consecutiva, pero sus efectos empiezan en 2030. La de 2027 será la última elección en que los diputados locales podrán buscar otro periodo seguido. Cuando una puerta anuncia que va a cerrarse, todos quieren cruzarla antes.

Conviene no caer en el error de enfrente. La cara nueva no es una virtud. Las bardas están llenas de rostros jóvenes con sonrisa de estudio fotográfico que repiten, con mejor iluminación, las frases de sus padrinos. Lo nuevo puede ser tan servil como lo viejo, y a veces más, porque debe el favor completo. Tampoco creo en el rescatador que llega con un movimiento detrás y pide que lo juzguemos por lo que siente y no por lo que hace. El muchacho de la peluquería no era un redentor. Llevaba dos años barriendo pelo, asentando el filo en la correa de cuero y mirando cómo se hacía. Lo nuevo que vale la pena no llega de fuera. Ya estaba en el cuarto, esperando que alguien le ofreciera el mango.

Esa gente existe en varias colonias de la ciudad. La señora que organiza a los vecinos para que la pipa llegue a todas las calles y no solo a la del compadre. El ferretero que sabe qué tubería se revienta cada temporada de lluvias. La maestra jubilada que lleva en un cuaderno la cuenta de las luminarias apagadas. No están en ninguna lista. Nadie les ha pasado la navaja, porque los partidos prefieren a quien conoce el pasillo antes que a quien conoce la calle.

Hay fechas. El 15 de diciembre empieza el periodo para que los aspirantes sin partido reúnan apoyo ciudadano; termina el 12 de febrero. Las precampañas corren del 4 de enero a ese mismo día, y el registro de candidaturas a diputaciones será del 8 al 15 de marzo. La elección, el 6 de junio. Entre ahora y marzo se decide casi todo lo que después parecerá inevitable. Quien conozca a alguien así puede hacer algo modesto: decírselo, empujarlo, darle su firma de apoyo si va por fuera, pedir al partido de su preferencia que lo tome en cuenta si va por dentro. Y en junio, a quien pida el voto por segunda o tercera vez, hacerle una pregunta sencilla: a quién le ha enseñado el oficio.

El señor de la guayabera se levantó, se pasó la mano por la nuca y se miró en el espejo un rato largo. Dejó la propina en la repisa del muchacho, no en la de don Chema. Don Chema enrolló la correa de cuero, la guardó en el cajón y le hizo al siguiente una seña para que se sentara.

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