El socialismo trasnochado

La izquierda que vocifera contra el “resurgimiento de la derecha” pero es incapaz de articular un solo argumento racional, coherente y respaldado en datos mientras el mismo modelo fracasa estrepitosamente en México, España, Colombia, Brasil, Venezuela, Cuba, Nicaragua.

México vive un momento de claroscuro incómodo para el oficialismo morenista, una marea creciente de ciudadanos hartos— se reorganiza con seriedad, presenta propuestas concretas, capitaliza el descontento acumulado tras ocho años de “Cuarta Transformación” y empieza a hablar, con datos en la mano, de un posible resurgimiento de la sensatez económica y del Estado de derecho y ¿qué responde el coro del socialismo, comunista trasnochado, esa banda de intelectuales orgánicos, columnistas palaciegos, influencers militantes, académicos y burócratas que aún sueñan con el paraíso proletario de los manuales de los años setenta?lo de siempre: insultos, etiquetas oxidadas y un vacío argumentativo que roza lo patético y lo fraudulento. “Neoliberalismo salvaje”, “derecha oligárquica”, “regreso al pasado”, “sálvese quien pueda”, “fascismo disfrazado”, repiten el rosario ideológico como loros amaestrados, pero son literalmente incapaces —incapaces— de ofrecer un solo punto de base, práctico, coherente y respaldado en números del INEGI, Banxico, CONEVAL, OCDE o calificadoras internacionales que explique por qué un modelo con más libertad económica, más certeza jurídica, menos gasto clientelar y más Estado de derecho sería “malo” para México en este preciso momento histórico.

Es patético, intelectualmente deshonesto y es sobre todo, peligrosamente irresponsable, porque mientras ellos gritan consignas de manual como si el mundo no hubiera avanzado desde 1970, los datos duros les están propinando una paliza sin piedad y en lugar de debatir con evidencia, prefieren el ataque personal, la estigmatización, el relato victimista y la polarización barata, vamos a desmontar su dogma paso a paso, con números frescos de 2025-2026, porque México ya no se traga cuentos de hadas ideológicos y para que quede meridianamente claro que este no es un problema exclusivo mexicano, sino el patrón repetido del socialismo y comunismo trasnochado, miremos al espejo internacional: el mismo recetario produce los mismos resultados mediocres en España con Pedro Sánchez, en Colombia con Gustavo Petro y en Brasil con Lula da Silva.

Empecemos por casa, porque ocho años de estatismo morenista han dejado un país estancado en el fango como nunca, el PIB de 2025 creció apenas un raquítico 0.7-0.8% según las cifras definitivas del INEGI —la tasa más baja desde la catástrofe pandémica de 2020—, para 2026, las proyecciones de Banxico y analistas privados apenas llegan a 1.1-1.8%, con revisiones a la baja constantes, anémico crecimiento que ni siquiera alcanza para absorber el aumento de la población, la inversión privada se contrajo brutalmente en varios trimestres de 2025 y la formación bruta de capital fijo sigue por debajo del 23% del PIB, el nearshoring —ese regalo histórico de la guerra comercial entre Estados Unidos y China— llegó a pesar de Morena, no gracias a ella, empresas extranjeras invierten con los pies fríos: la incertidumbre jurídica generada por la reforma judicial de 2024-2025 (esa aberración autoritaria de elegir jueces por voto popular) ha frenado decenas de miles de millones de dólares en proyectos. Moody’s, Fitch y la propia OCDE lo han advertido una y otra vez: menos certeza legal equivale a menos inversión real y menos empleos formales de calidad.

La deuda pública es el elefante en la habitación que el oficialismo finge no ver, al cierre de 2025 alcanzó el 52.6% del PIB, un nivel histórico, para 2026 se proyecta en torno al 54.7%, superando los 20 billones de pesos, déficit fiscal del 4.3% en 2025, uno de los más altos en décadas. Pemex y CFE siguen siendo agujeros negros fiscales que devoran subsidios millonarios mientras la inversión en infraestructura productiva se desploma, el costo financiero de la deuda ya equivale prácticamente al propio déficit: estamos pagando intereses para financiar programas clientelares y gasto corriente, mañana serán los jóvenes —esos mismos a los que hoy les regalan cheques de “bienestar”— quienes carguen con esta fiesta con impuestos más altos y servicios públicos peores. ¿Por qué más estatismo, más deuda y más control centralizado es “progreso”? Nunca lo explican porque no pueden, su modelo es financiar el presente con el futuro de las siguientes generaciones.

Y la pobreza, esa gran bandera moral que agitan como trofeo, la medición multidimensional del INEGI-CONEVAL muestra que en 2024 bajó al 29.6% y la extrema al 5.3%, Felicitaciones por el salario mínimo y las transferencias masivas, pero el reverso cruel de la moneda que ocultan: 44.5 millones de mexicanos —más de una tercera parte de la población— carecen de acceso a servicios de salud, un retroceso brutal de decenas de millones respecto a 2018, la educación pública sigue en el sótano de PISA: México uno de los peores de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias, con dos de cada tres estudiantes sin nivel básico, productividad laboral en el fondo del pozo, informalidad laboral sigue pegada al 54-55%, programas de bienestar no sacan de la pobreza estructural; solo la maquillan con cheques pagados con deuda, asistencialismo temporal, no movilidad social real, ¿Por qué un modelo que priorice empleo formal, capacitación, competencia y capital humano sería “peor”? Silencio absoluto, admitir que el mercado genera la riqueza que el Estado solo reparte (y mal) les derrumba el relato romántico del “pueblo bueno”.

La seguridad es su otro gran engaño auto celebrado, cierto que los homicidios dolosos han bajado: de 91.7 diarios en promedio en 2024 a alrededor de 50.8 en el primer trimestre de 2026, una reducción cercana al 45% según cifras oficiales, bien por la Guardia Nacional, la inteligencia y la coordinación, eso no borra las causas de fondo: impunidad superior al 95%, cárteles más ricos, más territoriales y más sofisticados que nunca, regiones enteras convertidas en narcoestados donde el Estado brilla por su ausencia, estrategia “abrazos, no balazos” contuvo números, sí, pero no desmanteló estructuras ni recuperó territorios. ¿Por qué un enfoque de Estado de derecho fuerte, mano dura, cero tolerancia a la corrupción y desmantelamiento real de finanzas criminales sería “regresivo”? Nunca lo argumentan, su ideología les impide reconocer que el crimen organizado se fortaleció bajo el narcoestado tolerado.

Lo más grave —y aquí el socialismo y comunismo trasnochado se pone verdaderamente cínico— es el autoritarismo rampante que ha acompañado todo esto, reforma judicial que fue un golpe directo a la independencia del Poder Judicial, ataques sistemáticos al INE, a la Suprema Corte, a los organismos autónomos y a la libertad de prensa revelan el verdadero proyecto: concentrar poder, eliminar contrapesos y controlar el relato, conferencias mañaneras que se usan como arma de propaganda diaria, periodistas críticos son estigmatizados desde Palacio, redes oficiales difunden odio y mentiras. ¿Eso es “democracia del pueblo”? Es regresión autoritaria con disfraz progresista y el socialismo comunista trasnochado lo defiende a capa y espada, porque perder privilegios presupuestales, contratos y canonjías les aterra más que el estancamiento nacional.

Y aquí viene lo que el socialismo comunismo trasnochado nunca quiere admitir: este fracaso no es mexicano, es el patrón global del mismo modelo, España con Pedro Sánchez, el gran referente europeo del socialismo “moderno”, en 2025 la economía creció 2.8%, sí, el doble que la eurozona, ¿a qué costo?, deuda pública subió casi 78.000 millones de euros solo en ese año (135.667 euros por minuto, según el Banco de España), crecimiento que se sostiene con deuda, inmigración masiva y fondos europeos, mientras la productividad se hunde, el paro real roza los cuatro millones (incluyendo fijos discontinuos y rotación laboral) y la tasa oficial supera el 10%, Sánchez no aprueba presupuestos nuevos desde hace años, gobierna por decreto y por prórroga, mantiene el poder con pactos con separatistas catalanes, comunistas de Sumar y Bildu, corrupción a raudales (caso Koldo, Ábalos y el “sanchismo” como sistema), baja productividad, paro oculto y un país polarizado hasta la náusea. ¿Y la izquierda española?, celebra el “crecimiento” mientras ignora que es insostenible y que el modelo genera más desigualdad estructural y menos oportunidades reales.

En Colombia con Gustavo Petro, el experimento es aún más descarado, el PIB creció solo 2.6% en 2025 (mejor que años anteriores, pero muy por debajo del promedio histórico), la inversión cayó al nivel más bajo en dos décadas (16% del PIB) y el Gobierno tuvo que declarar emergencia fiscal a finales de 2025 por un déficit que ronda el 6.4-6.8% del PIB, inflación subió a 5.8% proyectada para 2026, salario mínimo subió 23.7% (populismo puro) y la reforma agraria y la transición energética se estancan en medio de bloqueos y desconfianza inversionista, Petro ataca al Banco de la República, a las cortes y a la Registraduría, amenaza con constituyente y reconoce públicamente que “fracasó” en integrar pluralmente su gobierno, la paz total es un fiasco: violencia y narcotráfico persisten, ¿Resultado? Desconfianza, fuga de capitales y un país que crece menos de lo que podría porque el estatismo y el clientelismo ahogan la iniciativa privada, Petro promete “economía real” y entrega estancamiento fiscal.

Y en Brasil con Lula da Silva, el gigante que supuestamente iba a redimir a la izquierda latinoamericana, la realidad es igual de cruel, PIB creció solo 2.3% en 2025 (bajada desde el 3.4% de 2024), el Banco Central mantiene tasas de interés en 15% para contener inflación (4.26% anual, pero con presiones al alza), la deuda pública bruta ronda el 78.7% del PIB y el déficit nominal está en 8.34%. Lula promete más gasto social, reduce jornada laboral y sube salario mínimo, pero la economía se desacelera por rigidez fiscal, alta deuda y polarización, su popularidad cae: evaluación negativa supera la positiva, el centrão lo rehén político, las reformas se diluyen y el legado es más deuda y menos crecimiento estructural, Lula culpa a la “ultraderecha” mientras su modelo genera los mismos problemas de siempre: gasto insostenible y estancamiento.

El patrón es idéntico en los cuatro países: promesas de “justicia social”, transferencias clientelares pagadas con deuda, ataques a instituciones, pactos con extremos (separatistas en España, exguerrilleros en Colombia, centrão en Brasil) y cero explicación de por qué el libre mercado —que sacó de la pobreza a miles de millones en el mundo— sería “peor”, critican el “neoliberalismo” de hace 20 años mientras ignoran que sus propios gobiernos fracasan en Venezuela (colapso total), Cuba (miseria crónica), Nicaragua (dictadura) y ahora en estos tres casos. ¿Por qué México sería la excepción mágica?, nunca dan la explicación porque su fe es religiosa, dogmática y ciega a la evidencia.

El resurgimiento de la derecha —o mejor dicho, de la sensatez conservadora— no es nostalgia por gasolinazos ni por excesos del pasado, es la respuesta lógica y racional de un país que ve su ingreso per cápita estancado, su juventud emigrando en busca de oportunidades reales, sus empresas ahogadas por burocracia y corrupción transversal y sus recursos malgastados en subsidios electoreros que no resuelven nada estructural, en los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto (2000-2018) hubo errores gravísimos—desigualdad persistente, corrupción como Odebrecht y la tragedia de la guerra al narco—, pero también crecimiento promedio superior al de la 4T, atracción sostenida de inversión extranjera, modernización de sectores clave y más empleo formal neto, la apertura comercial sacó a decenas de millones de la miseria absoluta.

México, España, Colombia y Brasil no necesitan más dogmas trasnochados ni más comunismo light que fracasa dondequiera que se aplica con rigor, necesitan resultados medibles: Estado de derecho blindado, desregulación inteligente, inversión privada masiva, educación de calidad, salud digna, seguridad real y productividad que eleve el salario de verdad, libertad económica que ha sacado de la pobreza a miles de millones en el mundo entero, no experimentos ideológicos pagados con la tarjeta de crédito de las generaciones futuras.

Los socialistas comunistas trasnochados no dan argumentos porque no los tienen, tienen resentimiento, miedo a perder el presupuesto público y un dogma estéril que ya no convence ni a sus propios hijos, critican el “resurgimiento de la derecha” como si fuera el demonio encarnado, pero cuando se les pide que demuestren con números por qué es malo para México —o para España, Colombia o Brasil—, solo responden con más insultos, más odio y más polarización.

México en 2026 ya no compra cuentos de hadas ideológicos, el pueblo —no las élites del partido— empieza a exigir cuentas con datos, con empleos formales, con crecimiento sostenido, con futuro y con dignidad, la derecha no es perfecta, pero al menos ofrece una alternativa basada en evidencia histórica, en resultados probados y en la libertad que funciona, el socialismo comunismo trasnochado solo ofrece estancamiento crónico, deuda impagable, autoritarismo disfrazado y resentimiento eterno.

Y México —como España, Colombia y Brasil— merece, pero merece mucho, mucho más que eso, el futuro no se construye con dogmas del siglo pasado, se construye con resultados y los resultados, hasta ahora, gritan que el modelo actual ha fracasado estrepitosamente.

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