En México, el término “conservadurismo” ha sido secuestrado por completo: usado como insulto por unos, como disfraz oportunista por otros y como caricatura histórica por quienes buscan ventaja política inmediata, hoy, en medio de una polarización que nos divide, nos debilita y nos distrae de los verdaderos enemigos —el crimen organizado, la corrupción sistémica, la erosión institucional—, es urgente, imperativo y necesario rescatar su significado auténtico, porque lo que hoy se etiqueta como “conservador” no lo es en absoluto, es una mentira conveniente que envenena el debate público, confunde al pueblo y perpetúa el circo ideológico que solo beneficia a quienes viven del caos.
Ayer expresaba la realidad sobre el conservadurismo y por qué es urgente dejar de llamar “conservadores” a quienes claramente no lo son.


Y no son los únicos impostores. También abundan figuras del espectáculo y la farándula que irrumpen en la arena política autoproclamándose campeones de la familia, la vida y los valores tradicionales, pero impulsadas más por la búsqueda de reflectores, fama personal, alianzas coyunturales y protagonismo mediático que por una convicción arraigada en la prudencia, la tradición probada y la responsabilidad moral. Su “conservadurismo” es superficial, reactivo y efímero: campañas ruidosas, declaraciones grandilocuentes y poses ante cámaras, pero sin la profundidad filosófica ni la consistencia vital para sostener reformas duraderas. Hablan de familia mientras viven de la controversia; predican vida mientras priorizan su imagen; invocan tradición mientras se alinean con modas populistas internacionales. Son falsos conservadores que usan la etiqueta como marca personal, no como brújula moral.
Lo que dijo Claudia Sheinbaum en su conferencia del 9 de febrero de 2026
“Pues está bien que la gente sepa quiénes son. Está bien recordar qué es el conservadurismo en nuestra historia: en el siglo XIX fueron los que querían un gobierno monárquico, sin democracia; fueron los que fueron a buscar a Maximiliano; los que regresaron a Santa Anna; los que apoyaban a Porfirio Díaz después, en el siglo XX, finales del siglo XIX, siglo XX. Pues esos mismos son los conservadores de ahora. Ellos a lo que quieren regresar o lo que aspiran es un gobierno totalitario, ellos no quieren la democracia. Entonces, está bien, que se descubran quiénes son, es el PRIAN de siempre, que busca el totalitarismo, que busca un gobierno represor, que no quiere al pueblo, que usa las mentiras para denostar a la gente. Muy racistas, muy clasistas, muy machistas. Entonces, está bien que la gente sepa lo que son.”
El error conceptual e histórico es gravísimo —y el conservadurismo auténtico no es nada de eso
Es un error conceptual gravísimo, históricamente falso, políticamente cínico y moralmente irresponsable llamar “conservadores” a los diputados del PAN y PRI actuales, equipararlos con los promotores de Maximiliano o los porfiristas, y acusarlos de aspirar a “un gobierno totalitario, represor, que no quiere al pueblo, que usa las mentiras para denostar a la gente. Muy racistas, muy clasistas, muy machistas”.
El conservadurismo auténtico —el que nace con Edmund Burke y se desarrolla con Russell Kirk— no es nada de eso. No es represor. No odia al pueblo. No se basa en mentiras, racismo, clasismo ni machismo. Al contrario:
No busca represión ni totalitarismo: Burke defendió límites al poder para evitar tiranías. El conservadurismo genuino aboga por contrapesos, separación de poderes y Estado de derecho que proteja al ciudadano, no que lo someta. Un gobierno represor contradice su esencia: reconoce la imperfección humana y por eso rechaza poderes absolutos.
Quiere al pueblo —lo respeta, lo valora y lo empodera desde abajo: Ve al pueblo como depositario vivo de tradición, costumbres y sabiduría colectiva. Fortalece familia, comunidad y soberanía. Ama al pueblo con hechos concretos: seguridad en las calles, prosperidad compartida, instituciones que protegen y no que controlan.
No usa mentiras para denostar: Exige verdad, hechos probados y reflexión serena. Denostar con falsedades o polarización rabiosa es ajeno a su espíritu prudente.
No es racista, clasista ni machista por definición: Defiende dignidad humana universal, igualdad ante la ley y respeto a todos. Su raíz moral promueve caridad, justicia social y protección de los vulnerables, no exclusión ni desprecio.
Llamar “conservadores” a los prianistas y cargarlos con esos graves defectos es manipulación semántica deliberada que distrae del crimen organizado, el debilitamiento institucional y la necesidad de soberanía real, es un error que divide más de lo que une y que beneficia solo a quienes viven del caos.
Aplicación directa del conservadurismo auténtico a un México futuro
Imaginemos —y construyamos— un México guiado por conservadurismo genuino: prudente, profundo, que preserva lo eterno mientras evoluciona orgánicamente, sin rupturas destructivas ni concentraciones autoritarias.
Instituciones independientes y fuertes como baluarte contra cualquier abuso de poder: INE, Suprema Corte, Poder Judicial y organismos autónomos protegidos por contrapesos reales; federalismo vivo donde estados y municipios recuperen autonomía para atender realidades locales, demostrando respeto genuino al pueblo desde abajo.
Familia y comunidad como ejes de la sociedad: políticas que fortalezcan la familia como transmisora de valores morales, educación cívica y estabilidad emocional; escuelas que respeten la tradición cultural mexicana (indígena, mestiza, católica unificadora) sin imponer ideologías de moda; comunidades revitalizadas con seguridad, economía local y solidaridad orgánica: verdadero amor al pueblo, empoderándolo, no controlándolo desde el centro.
Defensa inquebrantable de la vida y la dignidad humana: protección de la vida desde la concepción hasta la muerte natural; rechazo firme a la cultura de la muerte; énfasis en la familia como núcleo protector, sin mentiras ni denostaciones.
Libertad responsable y propiedad privada digna: economía donde la propiedad privada incentive trabajo y prosperidad, pero con responsabilidad social; apoyo real a pequeños y medianos empresarios, cooperativas rurales y propiedad comunal indígena; freno al Estado voraz y al capitalismo salvaje que concentra riqueza en pocas manos.
Soberanía con hechos, no con discursos: mano dura soberana contra el crimen organizado —inteligencia estratégica, justicia efectiva, recuperación territorial sin ceder soberanía a intervencionismos extranjeros; cooperación internacional sí, pero siempre con México decidiendo; Pemex y CFE como pilares nacionales con prioridad soberana.
Evolución prudente, no rupturas radicales: cambios graduales y probados por el tiempo —reforma educativa que valore tradición y excelencia, salud universal respetando la vida, migración ordenada que proteja fronteras y dignidad humana. Rechazo a utopías radicales de cualquier signo.
Este México no sería izquierda ni derecha en el sentido moderno y vacío: sería conservador en lo esencial (preservando lo que une y funciona), liberal en lo prudente (defendiendo libertad responsable), patriótico en lo profundo (soberano sin chauvinismo). Un país con resultados tangibles: calles seguras donde los niños jueguen sin miedo, familias prósperas y unidas, instituciones que protegen en lugar de controlar, tradición cultural viva y un futuro digno para las generaciones que vienen.
Un México que ama al pueblo con hechos concretos, no con divisiones ideológicas ni con etiquetas falsas que solo generan más odio y más distracción.
Solo preservando lo eterno —familia pilar moral, vida suprema, libertad con responsabilidad, orden institucional, tradición cultural profunda— construiremos un México soberano en hechos, no en palabras huecas ni en falsas etiquetas oportunistas.
Es hora de rescatar el conservadurismo de impostores, disfraces y caricaturas, es hora de dejar de usar la palabra como garrote político y empezar a vivirla como brújula moral, es hora de convertirlo en herramienta para una transformación prudente, profunda y verdaderamente perdurable.
Porque México no merece más circo. México merece verdad. México merece soberanía. México merece seguridad. México merece conservadurismo auténtico.
Y el pueblo mexicano lo sabe. 🇲🇽
