El Espejo Venezolano: Advertencia Implacable para México.

En el espejo quebrado de la historia, la realidad desmiente siempre la ilusión de senderos democráticos que se desvanecen como humo, cuando el poder se pervierte hasta romper el consenso natural que ata a un pueblo con su suelo y su destino, dejando cuerpos y almas en penuria doble, el vacío no se llena con espera inerte —que solo engorda al opresor— ni con revueltas que derraman sangre de hermanos en ciclos estériles.

Venezuela recorrió un sendero que hoy México transita con pasos idénticos y alarmantes, el ascenso de un populismo que prometía redención colectiva mediante la concentración del poder en cúpulas ideológicas, la erosión sistemática de instituciones independientes —judiciales primero, electorales después— y la centralización que diluye autonomías locales en nombre de una transformación ilusoria que, en verdad, disuelve la pluralidad y fortalece el control perpetuo, allí, bajo Chávez y Maduro, se capturaron tribunales, se reformaron leyes para perpetuar el dominio, se debilitaron organismos electorales hasta convertir elecciones en rituales vacíos y el Estado acumuló autoridad mientras vastas regiones caían bajo el dominio efectivo de redes criminales aliadas o toleradas, generando escasez crónica, migración masiva y un colapso económico que devoró la prosperidad petrolera, dejando un país fracturado donde el hambre y la desesperanza se convirtieron en herramientas de sumisión.

México, con una obstinación que roza lo trágico, replica esa secuencia con precisión quirúrgica, las reformas judiciales ya consumadas subordinaron la impartición de justicia a mayorías efímeras y caprichos políticos, erosionando la independencia que antaño salvaguardaba el equilibrio y ahora, en este enero de 2026, la iniciativa electoral impulsada por Morena y Claudia Sheinbaum —aún en gestación, prometida para mediados de mes, con propuestas de eliminar organismos electorales locales, recortar legisladores plurinominales y reducir financiamientos— apunta directamente a centralizar el arbitraje de los comicios, diluyendo la pluralidad que permitía voces disidentes y contrapesos reales, este afán centralizador no es mero ajuste técnico, es la continuación de un proyecto que acumula poder en torres ideológicas distantes, ignorando la autonomía de comunidades, municipios y dejando al país vulnerable a la perpetuación de una sola visión, disfrazada de voluntad popular.

Peor aún, mientras el Estado mexicano se infla con reformas sucesivas que concentran autoridad y debilitan contrapesos y equilibrios, vastas regiones del territorio nacional han sido cedidas, de hecho, al dominio de cárteles atomizados y feroces, el Cártel Jalisco Nueva Generación se perfila como heredero dominante en un mapa criminal cada vez más caótico, disputando plazas con remanentes de Sinaloa fracturado, controlando rutas, extorsionando productores, regulando agua y alimentos en zonas enteras, y sembrando una violencia dispersa que no cede, sino que se multiplica en guerras locales, este doble vacío —institucional por la centralización que asfixia lo local, territorial por la abdicación ante poderes paralelos— no fortalece al pueblo, sino que lo condena a una dependencia humillante, el Estado, en su afán por monopolizar el poder legítimo, ha permitido que poderes ilegítimos gobiernen donde él retrocede, replicando el fatal error venezolano de tolerar sombras criminales mientras se desmantelan los diques de la legalidad.

El resultado en Venezuela fue previsible y devastador, un régimen ilegítimo que prolongó hambre y desesperanza hasta que, este 3 de enero de 2026, fuerzas externas ejecutaron ataques precisos en Caracas, capturando a Nicolás Maduro y su esposa, trasladados ya rumbo a Nueva York por cargos de narcoterrorismo, Estados Unidos anuncia transición y revitalización petrolera, mas el vacío abre incertezas profundas, fracturas internas, resistencias leales y ecos de intervenciones que, aunque abrupten el sufrimiento prolongado, rara vez restauran orden sin costos profundos y dependencias nuevas.

Para México, este espejo implacable advierte con crudeza, la continuación de ese camino —centralización que debilita lo local, tolerancia implícita o incapacidad ante poderes criminales paralelos— no colma vacíos, sino que los profundiza inexorablemente, invitando a colapsos donde la prosperidad se diluye, la soberanía se fractura y la identidad nacional se disuelve en un caos de dependencias externas o internas, el Estado mexicano, en su obsesión por acumular prerrogativas, ha fallado en su deber primordial, proteger la vida y la libertad de sus ciudadanos, cediendo terreno a la violencia mientras erosiona las instituciones que podrían contrarrestarla, esta crítica no es mera denuncia, es un llamado a reconocer que el populismo centralizador, lejos de empoderar al pueblo, lo desarma frente a las amenazas reales.

Por todo esto, el objetivo hoy es claro y urgente, detener la reforma electoral que amenaza con consumar la centralización y debilitar aún más los contrapesos, el Estado debe recuperar el territorio entregado a poderes fácticos criminales mediante una confrontación firme y decidida, esta es la verdadera soberanía, no la retórica hueca de torres distantes, sino la presencia efectiva que garantiza orden y libertad en cada rincón del suelo nacional.

La restauración digna nace no de torres ideológicas que concentran y prometen salvación desde arriba, sino del fortalecimiento urgente de comunidades autónomas que resuelven sus necesidades con responsabilidad compartida, reconstruyendo tejido social desde el suelo firme de autonomías responsables y plurales, solo así se evita que la falsedad populista enfrente, tarde o temprano, la verdad que resiste y que México no repita el destino venezolano de intervención externa o implosión interna, el tiempo apremia, revertir el curso exige detener la centralización, restaurar equilibrios institucionales y confrontar con firmeza los poderes fácticos que hoy gobiernan donde el Estado abdica, de lo contrario, el espejo venezolano no será advertencia, sino profecía cumplida.