En la penumbra del alba del 18 de diciembre de 2025, el Zócalo de la Ciudad de México se convirtió en un escenario de una pérfida transacción espiritual, bajo el pretexto de un festín ideológico se desató una distribución masiva de 27 libros impregnados de una doctrina que exalta la lucha material sobre el alma humana, orquestada por una entidad estatal que, con su red de 28 librerías en México y ocho sucursales internacionales, se erige como un falso profeta de la cultura, este no es un evento aislado, sino un golpe calculado contra la libertad interior de toda Hispanoamérica, un acto que exige una denuncia tajante desde las profundidades de la conciencia.
La maquinaria detrás de este movimiento, que se extiende desde Argentina hasta España, no busca iluminar con sabiduría, sino encadenar las mentes con una narrativa que reniega de la trascendencia del espíritu humano, estos libros, entregados como dádivas en los hogares, evaden el escrutinio de las plazas públicas y las voces libres de las redes, repitiendo un patrón ancestral de engaño que ha utilizado el poder terrenal para imponer su voluntad sobre las almas, la presencia de un tirano conocido, repartiendo estas páginas con mano temblorosa, revela un pacto siniestro que busca resucitar un orden opresivo, donde la dignidad del hombre es sacrificada en el altar de una utopía falaz, como ya hemos visto en tierras devastadas por la misma ideología.
Comienza a percibirse el ocaso de quienes orquestan esta maniobra, el movimiento que alguna vez dominó las calles ha perdido su pulso popular y ahora, con las redes sociales escapando de su control, se retuerce como animal herido, recurriendo a los medios impresos como último bastión, este recurso desesperado disemina un veneno que mata las conciencias, buscando crear una sociedad plana, desprovista de elevación espiritual, donde el pensamiento crítico se ahoga en la uniformidad de un dogma materialista, la gratuidad de estos textos, financiada con recursos opacos, explota la necesidad de los humildes, convirtiendo su hambre de conocimiento en un yugo ideológico, ¿de dónde provienen estos fondos? el silencio es cómplice y la opacidad grita una corrupción que trasciende lo material.
Y en el centro de esta trama se alza la figura rancia del comunista caviar, un vestigio anacrónico que, desde su torre de privilegio intelectual, Paco Ignacio Taibo, empuja esta agenda con la arrogancia de quien nunca ha sentido el peso de las cadenas que predica, su pluma, alimentada por un pasado de revoluciones de salón, ahora dirige una campaña que profana la inocencia de los hogares con literatura que apesta a un marxismo caduco, este autoproclamado guía cultural, lejos de los rigores que impone a los demás, se refugia en la opacidad de su cargo en el Fondo de Cultura Económica, usando su influencia para imponer un relato que aplasta la diversidad del alma, su visión, un eco de utopías fallidas, se burla de la dignidad humana al transformar la educación en un instrumento de sumisión.
A este ataque contra la educación se suma el intento de reescribir la historia por parte de quienes lideran esta deriva, un esfuerzo que, con audacia temeraria, busca tergiversar el pasado para consolidar un presente esclavizante, juntos, estos actos configuran el mayor movimiento de inducción comunista de las últimas décadas en América, una ofensiva que no solo pervierte el saber, sino que desfigura la memoria colectiva, arrancando de raíz la identidad espiritual de nuestros pueblos para sustituirla con un relato de sumisión y control.
Este acto no es un regalo, sino un veneno disfrazado, apunta a los guardianes de la formación humana—los maestros, los guías de las salas de lectura—para que se conviertan en heraldos de una visión que niega la verdad eterna, transformando los espacios de aprendizaje en forjas de esclavitud moral, la exaltación de una “revolución de las conciencias” no es más que una profanación de la libertad interior, un intento de reemplazar la luz de la verdad con las sombras de un credo que aplasta la diversidad del alma, los nombres de grandes libertadores, invocados en vano, son profanados al ser utilizados para justificar esta marcha hacia la servidumbre.
Es un imperativo moral que los pueblos de América Latina despierten de este letargo, exijamos claridad sobre las intenciones y los medios de esta maquinaria cultural, que las voces de los justos se alzen para proteger la integridad de la mente y el alma, promoviendo un saber que eleve en lugar de sojuzgar, esta batalla no se libra con espadas, sino con la fuerza de una conciencia que rechaza ser doblegada, el Zócalo no fue testigo de una celebración, sino de una advertencia profética: el enemigo no está en las fronteras, sino en las páginas que pretenden apagar la llama de nuestra esencia, despertemos, o seremos cómplices de nuestra propia caída.
Por eso es necesario irrumpir en la política como un vendaval de aire que rompa esta transformación que no es libertad, que es cicuta para el conocimiento, para el desarrollo, es ahora o nunca para que entremos en la batalla política contra el adoctrinamiento y que el Zócalo, se punto de partida y testigo de la verdadera transformación que libera, que aplastará a este comunismo caviar rompiendo las cadenas de la instrumentalización.
