¡Ah, México, códice profanado hasta el tuétano, quetzal desplumado, desangrado y ahora convertido en piñata reventada por la banda más cínica que jamás haya ocupado Palacio Nacional! Nación crucificada cuatro veces: en los altares de obsidiana del Templo Mayor, en los trailers refrigerados que rodaron como tumbas ambulantes durante la pandemia, en las carreteras tomadas por el narco bajo la doctrina cobarde de “abrazos, no balazos”, y en el saqueo sistemático, descarado y multimillonario que la autodenominada Cuarta Transformación perpetró contra el erario, la institucionalidad y la dignidad del pueblo.
En este diciembre amargo de 2025, desde su finca chiapaneca construida con nuestros impuestos, rodeado de pavos reales que parecen burlarse de los millones de pobres que él dice haber rescatado, el mayor tahúr, mentiroso, negacionista, genocida por omisión y ladrón en jefe que ha parido la historia nacional —Andrés Manuel López Obrador, el Faraón de Macuspana, el Mesías de cartón, el rey de la simulación— se atreve a reaparecer con un video y un libraco titulado Grandeza. ¡Grandeza! La misma palabra que usa quien dejó un país con casi un millón de muertos por COVID, 180 mil homicidios violentos, 15 mil millones de pesos evaporados en Segalmex, cientos de miles de millones en huachicol fiscal y una opacidad tan densa que hasta la luz de la verdad se ahoga en ella.
Este hombre que se presenta como historiador de pacotilla, mientras carga en su conciencia más cadáveres que todos los sacerdotes mexicas juntos, tiene el descaro de hablarnos de “civilización pacífica prehispánica”, pintando un México antiguo de postal infantil: aztecas que nunca arrancaron un solo corazón latiendo, mayas que vivían en armonía absoluta, olmecas sonrientes sin una gota de sangre. ¡Mentira grotesca! Los sacrificios humanos masivos están documentados en estelas, códices, crónicas indígenas y hasta en los huesos excavados, pero él los borra con la misma facilidad con que borró laboratorios, desapareció el Seguro Popular, dejó sin medicinas a niños con cáncer y sin oxígeno a los hospitales mientras compraba ventiladores chatarra a hijos de sus funcionarios.
El mismo que dijo que el COVID era “una gripecita”, que un detente y un “me cuida el pueblo” bastaban, que no usaba cubrebocas porque “no mentía”, que mandó a los médicos a la guerra sin armas y luego los insultó cuando protestaban, hoy pretende darnos lecciones de grandeza, el mismo que ocultó cadáveres en trailers, falsificó actas de defunción, convirtió crematorios en hornos que trabajaban día y noche porque no cabían los cuerpos, dejó 300 mil huérfanos y se escondió tras sus amuletos mientras México encabezaba la letalidad mundial.
Y mientras moríamos asfixiados, su régimen saqueaba: Segalmex la mayor estafa al campo mexicano de la historia, despensas que nunca llegaron a los pobres, empresas fantasma, sobreprecios delirantes, bodegas llenas de comida podrida mientras los campesinos seguían muriendo de hambre, miles de millones desaparecidos y los responsables libres o en prisión de lujo.
Huachicol fiscal: devoluciones de IVA exprés a amigos de los hijos presidenciales, factureras millonarias, un SAT que perseguía al tendero y premiaba al cuate del poder con cientos de miles de millones devueltos sin comprobación.
Opacidad absoluta: desapareció el INAI, clasificó como “seguridad nacional” cada obra faraónica, entregó contratos a dedo, militarizó el presupuesto, destruyó fideicomisos de salud, ciencia y desastres, pulverizó contrapesos, amenazó al INE, sometió al Poder Judicial y convirtió al Ejército en constructor, farmacéutico y aerolíneas sin rendir una sola cuenta.
Este es el hombre que destruyó sistemáticamente la institucionalidad mexicana para robar a manos llenas y ahora, desde su palacio tropical pagado con nuestros impuestos, nos habla de “humanismo mexicano”, el mismo que saludó a la mamá del Chapo, que abrazó a sicarios, que entregó el territorio a los cárteles mientras su “abrazos, no balazos” llenaba fosas clandestinas y multiplicaba la violencia hasta niveles nunca vistos.
Cada página de Grandeza es una bofetada a las viudas, a los huérfanos a los campesinos estafados, a los contribuyentes saqueados, a los millones que siguen comiendo tortilla con sal y sobreviven en la informalidad mientras los amigos del poder compran ranchos, yates y departamentos de lujo.
Este no es un expresidente: es el arquitecto de la mayor estafa moral, institucional y económica que ha sufrido México en su historia moderna, el libro no es historia: es el manual del saqueador que se disfraza de salvador, su video es la confesión cínica de quien se ríe de los muertos, de los robados y de los engañados.
¡Quememos ese libro y este video en la hoguera de la verdad, sobre las tumbas del los muertos, sobre los 180 mil asesinados, sobre los 15 mil millones robados y sobre cada institución que destruyeron! ¡Que arda la mentira, la opacidad, el negacionismo y el saqueo!
México no necesita más mesías de Macuspana ni de n8 gun otro lado, no necesitamos más profetas de pacotilla. México necesita justicia por sus muertos, por sus robados y por sus instituciones destrozadas. Necesita una tercera vía conservadora que devuelva la transparencia absoluta, la subsidiaridad real, la seguridad sin abrazos a delincuentes, el desarrollo sin tarjetas clientelares ni obras faraónicas de corrupción y la dignidad que nos quitaron a golpes de simulación.
¡Por los casi un millón de muertos del COVID que mató con soberbia!, ¡Por los 180 mil asesinados bajo su paz de cementerio!, ¡Por los campesinos estafados y los contribuyentes saqueados!, ¡Por cada institución destruida y cada peso robado!
¡Que tiemble el ladrón eterno y su corte de saqueadores!, ¡Fuera el genocida, ladrón y destructor de las mañaneras!, ¡Fuera la 4T y sus millones de tumbas, robos y mentiras!
¡Viva México libre, vivo, honesto y dueño de su destino!
