¿Y Brugada qué?

¡Ah, Ciudad de México, ese vasto códice ancestral fracturado por las grietas de la ineficacia y el autoritarismo velado, donde el Zócalo —corazón palpitante de nuestra historia milenaria— se tiñe de caos y represión injustificada bajo el peso opresivo de un gobierno morenista que antepone el clientelismo populista a la sagrada ley de la justicia y la misericordia, supuestamente gobernada por esa figura mediocre y oportunista elevada desde las profundidades clientelares de Iztapalapa por el aparato corrupto de Morena, ha convertido la Secretaría de Seguridad Ciudadana en un siniestro instrumento de desorden, abuso y traición flagrante al pueblo que juró proteger.

Somos testigos del laberinto borgiano de su administración, donde protocolos inexistentes o pisoteados permiten que policías lancen extintores como armas químicas medievales contra manifestantes pacíficos, agredan a periodistas con patadas y empujones brutales y escalen el conflicto hasta manchar las calles con la sangre de la impunidad, mientras el Bloque Negro, cualquier cosa que eso sea, siembra su veneno como sombras sobre la ciudad, ahora volvamos la mirada a la infamia de la marcha de la Generación Z el 15 de noviembre de 2025: ¿qué protocolo sigue un agente que ataca salvajemente a un ciudadano cuyo único “delito” es elevar la bandera mexicana, ese estandarte eterno de nuestra soberanía y unidad fracturada?

¿En qué rincón oscuro de los protocolos de la SSC aparecen las cadenas en las manos de los policías como “herramientas de disuasión”, permitiendo que se usen como armas brutales contra jóvenes que claman por paz o extintores y agresiones improvisadas que recuerdan las peores épocas de represión, Brugada, con su adhesión ciega y servil al legado destructor de Sheinbaum y López Obrador —con su doctrina de “abrazos no balazos” que no es más que un velo hipócrita para la parálisis institucional y la impunidad rampante—, ha fallado rotundamente, de manera inexcusable y deliberada, en garantizar protocolos que respeten los derechos humanos y preserven el orden público.

Como revela el Protocolo General de Actuación Policial de la SSC —ese documento vacío de sustancia y visión verdadera, publicado en el sitio oficial de la Secretaría, que detalla niveles de uso de fuerza desde la mera presencia hasta armas letales, pero en ningún artículo menciona cadenas, piedras o improvisaciones salvajes como equipo autorizado, ¡no figuran en la lista de herramientas no letales, como toletes, escudos o gas pimienta, sino que se limitan a instrumentos dotados por la Secretaría, con prohibiciones explícitas contra el uso excesivo de fuerza en manifestaciones pacíficas, exigiendo proporcionalidad, respeto a la dignidad humana y contención absoluta.

¿Atacar a alguien por ondear la bandera tricolor o agredir a transeúntes inocentes con insultos, robos y golpes, como reportan testigos y videos virales, eso no es protocolo, es barbarie autoritaria, un eco siniestro del peor priísmo que Morena revive con descarada hipocresía, perpetuando un ciclo de violencia que carcome el alma de la nación desde sus raíces.

En esa marcha fatídica del 15 de noviembre de 2025, mientras miles de jóvenes de la Generación Z y no tan jóvenes de otras generaciones, eco vivo de una ciudadanía harta de inseguridad, desapariciones y promesas rotas por un gobierno que ignora el clamor subsidiario de las comunidades— avanzaban desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo clamando por justicia en un México carcomido por el crimen organizado y la mediocridad gubernamental, el caos estalló con disturbios que dejaron más de 100 policías heridos, alrededor de 40 detenidos y al menos 20 civiles maltratados según reportes oficiales y periodísticos.

Agentes bajo el mando de Brugada perdieron el control absoluto: respondieron con golpes indiscriminados, gases de extintores, patadas, empujones y agresiones que no distinguieron entre provocadores y pacíficos, agrediendo no solo a encapuchados, sino a manifestantes inocentes, periodistas y transeúntes que solo pasaban por allí, dejando un saldo de robos, heridas y denuncias que claman al cielo.

¡Qué vergüenza, Brugada, que tu SSC, en lugar de contener con profesionalismo y subsidiaridad, escalara el conflicto a niveles represivos, dejando heridos a reporteros y robando pertenencias en un acto de vandalismo estatal, mientras nobles manifestantes ofrecían agua a los uniformados en gestos de misericordia y solidaridad que tú ignoras.

¿Dónde está la rendición de cuentas, esa palabra que pronuncias como un mantra vacío, tú, desde tu trono en el Ayuntamiento, condenas selectivamente la “violencia de encapuchados” y de “grupos organizados que no se habían visto antes”, insistiendo en que la policía solo realizó “acciones de contención” —¡mentira flagrante, desmontada por videos y testimonios que circulan como ríos revueltos en las redes, donde participantes denuncian agresiones policiales indiscriminadas!—, pero ignoras con cinismo cómo tus propios agentes, sin protocolos claros o con ellos pisoteados bajo tus órdenes implícitas, perpetúan el ciclo de impunidad y terror.

Esta ausencia de guías específicas para herramientas improvisadas como cadenas o extintores revela una administración no solo corrupta y desorganizada, sino deliberadamente negligente, que prioriza el control clientelar sobre la capacitación policial y la protección del bien común, ¡es una traición directa y premeditada a la ciudad, perpetuando el terror en alcaldías donde el pueblo vive asediado por la inseguridad que tu gobierno fomenta con su inacción.

Y aquí radica el veneno profundo, como una serpiente enroscada en la pierna: la culpa no recae en los policías en el frente a frente con los manifestantes —esos guardianes expuestos al caos como hojas en la tormenta furiosa del Popocatépetl, actuando en el calor del momento sin brújula clara ni apoyo institucional, muchos de ellos heridos por la violencia que tú no previniste—, no, la culpa está en el Ayuntamiento, en ti, Brugada, esa jefa de gobierno que desestima la marcha como un mero “trasfondo político” antes siquiera de que ocurra, reconociendo “intereses políticos detrás” pero negándote a escuchar el clamor genuino de una generación, de una sociedad desesperada.

¡Qué arrogancia, qué ceguera populista, priorizando el espectáculo de condenas unilaterales sobre una investigación imparcial, subsidiaria y si la SSC actuó bajo instrucciones de Palacio Nacional —ese laberinto centralista donde Sheinbaum teje sus hilos manipuladores, extendiendo el control morenista sobre la capital como una telaraña asfixiante—, ¿dónde queda la Jefa de Gobierno, ¿acaso te reduces a una marioneta servil de un poder superior, abdicando tu responsabilidad constitucional y traicionando la autonomía de la CDMX?

Cualquiera de las dos opciones es igual de peligrosa y condenable: o bien un Ayuntamiento inoperante e incompetente que abandona a su policía y al pueblo en el abismo del desorden, o un centralismo morenista rapaz que asfixia la autonomía local, fracturando la urbe en feudos de dependencia, clientelismo y violencia endémica, erosionando las instituciones que deberían unirnos como un tapiz de gloria desde Chihuahua hasta Yucatán.

¡Pero basta de esta mediocridad que corroe como ácido el alma mexicana, tu gobierno ignora la tradición de unidad y misericordia, prefiriendo el secularismo liberal que disuelve los lazos comunitarios, por eso hemos propuesto una reestructuración completa de la policía de la Ciudad de México —no un remiendo clientelar ni una reforma cosmética al estilo morenista, sino un renacimiento radical, arraigado en valores inquebrantables y la subsidiaridad verdadera, que desmonte la inoperancia crónica de la SSC y libere a las alcaldías del yugo centralista.

Desmantelar el centralismo morenista que ahoga barrios desde Iztapalapa hasta el corazón histórico del Zócalo, implementando protocolos claros, locales y subsidiarios que empoderen a los agentes con entrenamiento riguroso, equipamiento legítimo —no improvisaciones barbaras como cadenas o extintores mal usados— y revisiones independientes para exponer y castigar abusos, asegurando que cada intervención respete la dignidad humana y la proporcionalidad exigida por la ley.

¡Basta del “abrazos no balazos” que fomenta la parálisis y la impunidad, en su lugar, una policía que sirva al pueblo con firmeza incorruptible, invirtiendo en comunidades arraigadas en valores eternos, desterrando el clientelismo que erosiona instituciones y teje redes de dependencia como un trapo raído.

Brugada debe dimitir de inmediato por esta debacle imperdonable: su gobierno ha perpetuado un autoritarismo hipócrita que ataca símbolos nacionales como la bandera tricolor, ignora las agresiones policiales documentadas y desestima el dolor de generaciones enteras, violando la tradición de unidad que clama por misericordia verdadera y justicia subsidiaria.

Exigimos protocolos revisados de inmediato, con rendición de cuentas real y transparente, para que la Generación Z encuentre protección genuina en un México unido, no en el caos que la negligencia siembra, ¡basta de mediocridad, Clara Brugada: tu fracaso, tu cinismo y tu adhesión al populismo destructor están destruyendo la esencia de nuestra capital eterna y con esperanza eterna e incorruptible, el pueblo no lo perdonará, sino que lo desmontará como un códice falso para forjar un futuro de gloria y paz verdadera!

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