15N, ¿Umbral de Transformación o Eco Efímero en el México de la 4T?

México, tierra de venas abiertas, mañana 15 de noviembre de 2025 con el Zócalo como un espejo que refleja las cicatrices de un pueblo fracturado, las brasas de una esperanza que se niega a apagarse, será la marcha de la Generación Z —jóvenes nacidos entre 1997 y 2012, curtidos en redes sociales y precariedad económica— no es un evento aislado, sino un destello que ilumina las grietas de un país asfixiado por la inseguridad, la opacidad, el clientelismo de la Cuarta Transformación, ¿será este 15N un parteaguas, un quiebre que marque un antes y un después en la narrativa de Sheinbaum y su proyecto político o apenas un murmullo digital, sofocado por vallas metálicas, narrativas de conspiración? La respuesta no reside solo en las multitudes que llenen Reforma, sino en si este clamor puede trascender el momento, tejer un nuevo rumbo para un México que entre el populismo de Morena, el liberalismo estéril, busca una tercera vía: una subsidiaridad que devuelva el poder a las comunidades, desde Chiapas hasta el Bajío, con fe, justicia como cimientos.

El Origen del Clamor: Un Códice de Hartazgo

El 15N no surge de la nada, es un río que se nutre de afluentes profundos, en octubre @generacionz_mx, una cuenta nacida en 2024 con ecos de resistencia antichavista venezolana, lanza el llamado a la acción, inicialmente por transparencia, revocación de mandato, el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, el 1 de noviembre, transforma la chispa en incendio, Manzo con su sombrero de resistencia, se convierte en mártir de un México donde el narco no solo extorsiona, sino que silencia a quien osa desafiarlo, este crimen sumado a los 100 mil desaparecidos, un crecimiento económico raquítico aviva el descontento, solo el 66% de la Gen Z aprueba a Sheinbaum, contra el 73% de millennials, una brecha que revela una generación menos seducida por las promesas de la 4T.

La marcha, pacífica, apartidista en su esencia, se inspira en Nepal, donde jóvenes limpiaron la corrupción con escobas simbólicas, desde Tijuana hasta Mérida, se organizan rutas —de 10 a 15 horas en la CDMX, del Ángel al Palacio Nacional— con playeras blancas, sombreros en honor a Manzo, médicos en bata blanca, madres buscadoras, agricultores michoacanos, hasta una marcha paralela contra el especismo tejen un mosaico de demandas: seguridad, empleos, justicia, en X, usuarios claman por extender el fuego a cada rincón, “Sin tortas ni acarreo, el pueblo despierta”, pero la pregunta persiste: ¿puede este mosaico, diverso, fragmentado, consolidarse en un movimiento que trascienda el día?

El Contrapunto de la 4T: Vallas, Narrativas de Descrédito

Frente al clamor la 4T responde con una coreografía predecible, Sheinbaum, en mañaneras que se alargan como letanías, califica la marcha de “falsa”, “pagada”, Miguel Ángel Elorza, zar de Infodemia, estima 90 millones de pesos en una campaña de desinformación, con cuentas extranjeras, comunidades de Facebook recicladas —de tips de viaje a calaveras sonrientes generadas por IA—, Adán Augusto López la vincula al PRIAN, empresarios, Jenaro Villamil denuncia un ejército de bots, analistas como Carlos Augusto Jiménez aportan matices: el 46% del ruido digital son bots, el 54% son usuarios reales, con un 20% de independientes que reflejan un hartazgo auténtico, vínculos con Atlas Network, figuras como Agustín Antonetti, artífice de #Narcopresidente, alimentan la narrativa oficial de una conspiración orquestada por la derecha global.

Este relato no es nuevo, es la estrategia de un régimen que, ante la crítica, erige murallas —literalmente, con vallas de tres metros en el Zócalo— deslegitima, pero al hacerlo, revela su fragilidad, blindar el Palacio Nacional no solo es un acto defensivo, es una confesión de temor al pulso de una generación que a diferencia de las bases clientelares de Morena, no marcha por tortas ni subsidios, sino por un México que les fue arrebatado, la 4T que prometió un paraíso de “abrazos no balazos”, enfrenta un purgatorio de cárteles empoderados, una economía que apenas sostiene el pan de las mayorías, si el 15N logra visibilizar estas fallas, podría fracturar la imagen monolítica de Morena, forzando un replanteamiento de su proyecto, acelerando su desgaste.

¿Un Parteaguas Posible? Las Condiciones del Cambio

Para que el 15N sea un parteaguas, debe superar varios umbrales, primero, la masividad: las calles pueden llenarse sin violencia, si el 15N congrega multitudes en 50 ciudades, como reporta El Portavoz, el mensaje será innegable, segundo, la cohesión: la diversidad de demandas —desde médicos hasta agricultores— es una fortaleza, pero también un riesgo, sin una narrativa unificada, el clamor puede diluirse en ecos dispersos, tercero, la respuesta del régimen: si Sheinbaum opta por el diálogo, la 4T podría desarmar la narrativa de represión, si insiste en vallas, descalificaciones, alimentará la percepción de un gobierno desconectado, como ocurrió con Peña Nieto tras Ayotzinapa en 2014.

La marcha también enfrenta sombras internas, la presencia de bots, actores como Antonetti sugiere que intereses externos —desde empresarios hasta think tanks— podrían estar capitalizando el descontento, esto no invalida el hartazgo genuino, pero plantea un desafío: ¿puede la Gen Z mantener la pureza de su movimiento, evitando ser cooptada por agendas partidistas o de otros intereses? En X, voces piden a políticos mantenerse al margen: “No contaminen, dejen al pueblo liderar”, aquí radica una oportunidad única: un movimiento que inspirado en la subsidiaridad, empodere a comunidades locales —ejidos chiapanecos, colonias regiomontanas— para forjar seguridad, justicia sin depender de un Estado paternalista ni de un liberalismo que vende soberanía en dólares.

Una verdadera Tercera Vía para un México Fracturado

Yo en lo personal quiero un México donde el 15N no sea un fin, sino un comienzo, no se trata de derrocar gobiernos —la Gen Z no busca revoluciones sangrientas—, se trata de sembrar una visión que inspire comunidades para que resuelvan sus males sin esperar migajas de Palacio, este México subsidiario desmontaría el clientelismo de Morena, que ata voluntades con becas, promesas, el mérito liberal, que ignora las desigualdades de un país donde el 60% vive en pobreza, la marcha, con su pacto de no saquear comercios —víctimas también del Narco-Estado—, ya muestra un germen de esta ética: la lucha no es contra el vecino, sino contra un sistema que nos traiciona a todos.

Si el 15N fracasa, no será por falta de razones, sino por la maquinaria de la 4T, que ha perfeccionado el arte de desinflar disidencias con narrativas de “ultraderecha”, pero incluso en el fracaso, dejará una huella: la Gen Z, tachada de apática, ha demostrado que puede organizarse sin acarreo, si triunfa, podría obligar a Morena a mirarse en el espejo, confrontando su incapacidad para cumplir el sueño de 2018, la 4T no caerá el 15N, pero un movimiento sostenido —con marchas, asambleas, propuestas— podría erosionarla, abriendo espacio para una política que priorice al pueblo sobre los mesías.

Un Llamado al Futuro

El 15N, con Reforma cerrada, sombreros al viento, debe ser más que una protesta, debe ser un acto de fe en un México posible, uno que no busca invasiones extranjeras ni golpes de Estado, sino un país donde la justicia no sea un lujo, la seguridad no dependa de abrazos que ocultan balas, sal, mexicano, con tu voz, tu esperanza junto con los que mañana marchan, que este día no sea espejismo, sino umbral de un México unido, donde la subsidiaridad disipe el miedo, forje un Zócalo de todos, no de los que tiemblan tras ls vallas, la 4T tiene una opción: escuchar y cambiar o perecer.

¡Viva la Generación Z, viva el pueblo que despierta!