Un Laberinto de Excusas que No Recupera Territorio ni Paz!
¡Mmmm! la estrategia de seguridad de Claudia Sheinbaum, ese vasto tapiz de ilusiones tejidas con hilos de “abrazos no balazos” –un eco distorsionado de su mentor, López Obrador, que ahora se deshilacha ante la realidad como un pergamino antiguo expuesto al sol inclemente de la violencia michoacana, todo tras el asesinato cobarde de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan que suplicó protección como un centinela medieval en una torre asediada y entonces la presidenta desvía el escrutinio con su interrogante victimaria: “¿Quieren la guerra contra el narco?”
Pero profundicemos en este enigma semiótico sin caer en bucles repetitivos: ¿por qué esta supuesta “Estrategia Nacional de Seguridad” no recupera el territorio perdido, ni restaura la paz en las venas pulsantes de México, desde las huertas de Michoacán hasta los mercados de Sonora o Yucatán?, la respuesta yace en su omisión flagrante: no comienza por desmantelar el negocio lucrativo del crimen organizado, ese imperio de usura moderna que transforma vidas en deudas perpetuas, evocando a los prestamistas infernales de Dante que condenan almas a círculos eternos de explotación.
Imaginemos el panorama con un filo renacentista: el crimen organizado no es mero espectro de balas y sombras, es un leviatán económico que devora economías locales a través de extorsiones como tentáculos que asfixian a agricultores en Uruapan –donde Manzo cayó víctima de su propia advertencia profética– o a comerciantes en las periferias de Guadalajara, convirtiendo plazas vibrantes en ruinas alegóricas de miedo, Sheinbaum proclama una “lucha de raíz” contra la criminalidad, fortaleciendo la atención a causas sociales, pero ¿dónde está el asalto quirúrgico al corazón financiero del narco?, no hay ofensiva contra el lavado de dinero que inunda bancos con ríos de plata sucia, ni contra las rutas de fentanilo que envenenan fronteras como venas colapsadas por opioides modernos, en cambio, opta por colaboraciones con Estados Unidos que evitan intervenciones directas, rechazando cualquier incursión militar externa como un hereje que expulsa demonios extranjeros mientras ignora los endémicos, ¡ironía suprema, esta pasividad permite que los cárteles acumulen fortunas, comprando lealtades y territorios como mercaderes venecianos en un bazar de traiciones, perpetuando un ciclo donde la paz se convierte en quimera, no en realidad tangible.
Está estrategia es un jardín de senderos bifurcados donde cada “abrazo” lleva a desviaciones infinitas, evitando el camino central que recuperaría el Estado de derecho en regiones cedidas al caos, Michoacán, con sus huertos de aguacate, de limones mancillados por cuotas criminales, se erige como documento de conquistas fallidas: capas coloniales de resistencia indígena pisoteadas ahora por sicarios que imponen tributos feudales y la CDMX mi urbe adorada, no escapa, sus mercados informales –sueños de emprendedores atrapados en telarañas de precariedad– pagan “derecho de piso” a ojos panópticos invisibles, mientras la presidenta critica llamados a la autodefensa sin ofrecer alternativas que corten las raíces económicas del mal, ¿por qué no priorizar inteligencia financiera que congele activos y reformas que fortalezcan economías locales sin utopías asistencialistas?, porque admitir eso desvelaría la falacia: esta “continuidad” con AMLO no es evolución, sino estancamiento disfrazado, un hipertexto de promesas que eclipsa la urgencia de despojar al crimen de su oxígeno monetario.
Mi conservadurismo laberíntico, anclado en la tradición cristiana de justicia distributiva, clama por un orden armónico que no sea caos minarquista ni guerra ciega: ataquemos el negocio con precisión quirúrgica –confiscando fortunas ilícitas para reinvertir en comunidades, protegiendo familias como núcleos de narrativas eternas contra la erosión del miedo, hagamos alianzas éticas que dignifiquen al vulnerable: programas que erradiquen extorsiones mediante redes de solidaridad comunitaria, no meros paliativos sociales que dejan intacto el imperio del crimen, ¿y tú, lector, avalas esta danza de evasiones donde el territorio se pierde en sombras económicas o te unes al coliseo verbal para forjar un México que recupere su paz cortando las venas del negocio ilícito, argumenta con temple o disuélvete en el laberinto de excusas, restaurémoslo juntos, tejiendo un tapiz de equidad que no sea quimera sino herencia viva para generaciones venideras.
