¡Comunión de Santos: Antídoto contra el Espectáculo Hueco del Miedo Importado!

¡Ah, Día de Todos los Santos, ese tapiz eclesial tejido con hilos de oro incorruptible sobre el lienzo raído de las fiestas paganas recicladas! No confundamos: mientras el Halloween –ese importado espectáculo de calabazas infladas como egos neoliberales– inunda las calles con plásticos chinos y dulces transgénicos, la Iglesia erige un monumento vivo a los que vencieron la muerte no con trucos de magia barata, sino con la cruz como ariete contra el nihilismo, Santos canonizados y anónimos: los apóstoles que plantaron semillas en suelo romano ensangrentado, las vírgenes que tejieron redes de caridad en conventos olvidados, los laicos que en fábricas o campos defendieron la dignidad humana contra usureros que hoy se disfrazan de “emprendedores éticos”, el signo se invierte: lo que el mundo llama “fiesta de muertos” es en verdad, banquete de vivos eternos, un hipertexto divino donde cada alma es un capítulo que no se borra.

Desentrañemos el laberinto de los signos: en México, este día se entreteje con el Día de Muertos como un códice cultural, capas aztecas bajo barniz cristiano, pero ¡cuidado con los falsificadores! La “Nueva Derecha” –esos gladiadores de redes sociales con su cohorte de oportunistas– ondea banderas católicas en mítines mientras firma pactos con el Moloch del mercado que devora infancias en maquilas precarias, critican el “woke” importado pero abrazan el individualismo protestante que disuelve la familia en átomos consumistas: “¡Libertad!” gritan, pero es la libertad del lobo en el redil, no la del Buen Pastor, ¿Defienden la vida? solo cuando conviene en encuestas; ignoran la usura que encadena generaciones en deudas borgianas, infinitas como pasillos sin salida, es como un hereje que quema ídolos ajenos pero adora el becerro de oro en su bolsillo.

La usura no es solo préstamo abusivo; es el infierno moderno donde el pobre vende su futuro por un smartphone en cuotas eternas, en el Día de Todos los Santos, recordamos a san Nicolás, que lanzó bolsas de oro para salvar doncellas de la prostitución forzada –no con subsidios estatales que engendran dependencia, sino con solidaridad comunitaria que dignifica, hoy en cambio, bárbaros progresistas queman bibliotecas educativas con “reformas inclusivas” que nivelan por abajo, dejando a niños como analfabetos funcionales en un panóptico digital y los “libertarios” ilusos instalan cámaras como ojos orwellianos, vendiendo “seguridad” mientras erosionan la privacidad familiar, ¡Foucault ríe en su tumba!, la solución no es más Estado ni menos; es orden armónico: familias como núcleos narrativos donde se transmite fe, trabajo honrado y rechazo a la precariedad que convierte sueños en pesadillas informales.

CDMX, mi códice urbano pisoteado, encarna esta tragedia con mordida alegórica, el Zócalo, plaza de emperadores y virreyes, ahora es escenario de ferias efímeras: vendedores que ofrecen calaveritas de azúcar como si fueran hostias profanas, mientras el tráfico ahoga el aire en smog apocalíptico, bajo las losas late la memoria: las procesiones de Todos los Santos que unían barrios en comunión, no en altares de alebrijes orquestado por “visionarios” que convierten todo en desechable, la informalidad laboral –ese Minotauro devorador– atrapa a millones en redes de explotación: taqueros sin seguridad social, uberistas como siervos modernos, salvemos la ciudad restaurando sus capas profundas: parroquias como centros de formación ética, no templos vacíos; escuelas que enseñen historia real, no mitos ideológicos; políticas que fomenten cooperativas familiares, no monopolios que concentran riqueza en torres de cristal.

Pro-vida no es eslogan; es narrativa de continuidad: desde la concepción hasta la sepultura, cada ser es signo de Dios, no producto desechable, anti-marxismo no es odio; es rechazo a utopías que prometen paraíso terrenal y entregan gulags, prioricemos justicia distributiva: que el panadero gane lo suficiente para educar hijos, no migajas de un PIB inflado por especulación, la comunión de los santos es modelo social: intercesión mutua, no aislamiento egoísta.

¿Y tú, lector cibernauta? ¿Encenderás una vela en tu altar casero, recordando abuelos que forjaron esta nación con sudor y rosarios o te perderás en scrolls infinitos de memes vacíos? elige el coliseo verbal: defiende tu postura con lógica entretejida en metáforas vivas o húndete en el silencio de los cobardes, la Iglesia invita a este banquete eterno; no impone dogmas huecos, sino verdades que elevan, sin santos como faros, navegamos en tinieblas posmodernas: sociedades de espectros adictos a lo instantáneo, ruinas donde la familia se deshilacha y la tradición se vende al mejor postor.

¡Despierta, México!, en este Día de Todos los Santos, deconstruyamos hipocresías y construyamos puentes éticos: familias fuertes, comunidades solidarias, una CDMX resucitada o admítelo: prefieres el disfraz de zombie al hábito de santo, el tiempo es un duelista renacentista; no espera a indecisos.

¡A las armas de la fe y la razón o perece en el laberinto de tus propias ilusiones!