México se Carcome Bajo la Mirada Impasible de la Ineptitud y la Cobardía

En Palacio Nacional —ese laberinto de espejos donde la historia se disfraza de futuro—, la presidenta Claudia Sheinbaum recita su letanía del “segundo piso de la Cuarta Transformación” como quien invoca un conjuro medieval para ahuyentar la peste, “Vamos bien”, murmura, mientras el país se desangra en silencio, más de 131 mil desaparecidos, 65 homicidios diarios: cifras que no son datos, sino epitafios grabados en la carne viva de la nación y ahora, el escándalo de la cancelación de vuelos desde el AIFA a Estados Unidos, un castigo yanqui por las medidas caprichosas del tlatoani de Tabasco, que actúa como Huitzilopochtli mismo, dominando desde las sombras, exigiendo sacrificios de soberanía en nombre de un águila que ya no vuela, es un espectáculo grotesco, digno de una comedia dell’arte invertida: la élite morenista se contempla en el espejo y ve a Cuauhtémoc resucitado; el reflejo, sin embargo, es el de un cadáver que aún gesticula, nosotros, los de abajo, nos carcomemos como un manuscrito medieval roído por ratas, mientras la ineptitud y la cobardía de Morena observan desde lo alto, atrincheradas en las mañaneras —esos breviarios laicos donde la verdad se transmuta en propaganda.

El autoengaño comienza con la semiótica del poder: las conferencias matutinas son rituales alquímicos donde las cifras se convierten en oro falso, la presidenta proclama “crecimiento sostenido” cuando el PIB apenas gatea al 1.2 % anual, sostenido no por industria sino por deuda (casi la mitad del PIB) y remesas —esos óbolos de los exiliados que sostienen a los que quedan, Morena se autoengaña con encuestas de aprobación infladas por el clientelismo, ignorando que tres de cada cuatro mexicanos viven la inseguridad como un Apocalipsis cotidiano, es el signo vacío: la palabra “progreso” que ya no significa nada, como “justicia” en la boca de un partido que controla el Congreso, la Suprema Corte, los organismos electorales y en este teatro de ilusiones, irrumpe la bofetada aérea: el Departamento de Transporte de Estados Unidos, bajo el secretario Sean Duffy, revoca 13 rutas aéreas mexicanas hacia su territorio y suspende todos los vuelos de pasajeros y carga desde el AIFA, como represalia por el “incumplimiento sistemático” del acuerdo bilateral de 2015, ¿la culpa? Las medidas caprichosas del tlatoani de Tabasco, el decreto de febrero de 2023 que prohibió los vuelos de carga en el AICM para forzarlos al AIFA, ofreciendo solo 180 días a las aerolíneas; la reducción ilegal de slots en el AICM de 61 a 44 vuelos por hora; y la cancelación de operaciones estadounidenses durante tres años sin consecuencias, el tlatoani de Tabasco, como Huitzilopochtli, exige sacrificios: exportaciones de autopartes, electrónicos y miles de empleos en el altar de la “austeridad republicana”, Sheinbaum responde con puro gesto: la orden entra en vigor en 108 días si no hay acuerdo, justo a ocho meses del Mundial 2026, donde México pagará la cuenta sin garantías, el tlatoani de Tabasco, ignoró peticiones de diálogo de Washington en 2023, priorizando su quimera aeroportuaria sobre la equidad bilateral.

Esta ilusión es el escudo de la ineptitud, que se disfraza de epopeya, el Tren Maya es un bestiario de sobrecostos e inundaciones; Dos Bocas, una catedral gótica construida al revés, donde el altar es la deuda y los fieles, los contribuyentes, el Corredor Interoceánico promete empleos pero entrega protestas indígenas —voces que Morena interpreta como herejía, hospitales sin medicinas, escuelas sin niños: el sistema de salud y educación convertidos en ruinas románicas donde los fantasmas de los pacientes y alumnos vagan sin respuesta y la cobardía, esa virtud teologal del régimen, observa desde lo alto sin mover un dedo, “Abrazos, no balazos 2.0” es la nueva indulgencia plenaria: se perdona al narco, se militariza la frontera para complacer al emperador del norte, pero no se toca una sola plaza, los cárteles controlan grandes partes del territorio —un feudo medieval dentro del Estado— y la presidenta prefiere diplomacia de salón que enfrentarse al dragón en casa, mientras Morena convierte la Guardia Nacional en su pretoriano personal, ahora, con el AIFA —esa quimera del lopezobradorismo que Morena defiende como trofeo—, el autoengaño se quiebra: el aeropuerto fantasma pierde sus alas transfronterizas, afectando exportaciones de autopartes, electrónicos y dejando a miles de pasajeros en tierra de nadie, todo por los caprichos del tlatoani de Tabasco, que actúa como Huitzilopochtli, bendiciendo con su sombra sangrienta.

Mientras tanto, México se carcome como un códice maya expuesto al salitre, en Sinaloa, las balaceras son letanías diarias; en Michoacán, la extorsión es el nuevo diezmo; en Veracruz, las inundaciones son diluvios bíblicos, la corrupción roe como un gusano en la manzana: Segalmex, 20 mil millones desviados; el aeropuerto Felipe Ángeles, un castillo en el aire; los fideicomisos “extinguidos” que resucitan como zombis con más deuda, el crecimiento no pasa del 0.5 % anual si no hay reformas; la inflación alimentaria ronda el 4.5 %; la pobreza se expande como una plaga bíblica, nos carcomemos en lo económico, social y moral: la mentira se ha convertido en el nuevo latín oficial, incomprensible para el pueblo pero sagrada para el clero morenista que controla el Estado como un monopolio divino.

Desde lo alto, la ineptitud y la cobardía de Morena no solo observan; perpetúan el gran engaño semiótico, no hay reforma energética, solo subsidios a Pemex como ofrendas a un dios moribundo, no hay competencia, solo aranceles que suben precios y provocan respuestas desesperadas, es una élite que anuncia trenes y estadios mientras el pueblo raciona el maíz y viaja en camiones abarrotados —una procesión de penitentes sin redención, el escándalo aéreo es solo el último clavo: un recordatorio de que el aislacionismo chovinista de Morena no es soberanía, sino aislamiento forzado, con Trump —recién reelegido— como verdugo oportuno y las sombras del tlatoani de Tabasco, como Huitzilopochtli, riendo desde el Templo Mayor.

Basta de autoengaño, la presidenta debe mirarse al espejo sin el filtro de las encuestas: admitir que México no es el “segundo piso” de nada, sino un sótano inundado por la ineptitud de Morena, solo con honestidad brutal —reconociendo que la 4T no transforma, sino que profundiza el abismo— podremos detener la carcoma, el pueblo no puede seguir siendo el pergamino donde se escribe la farsa, es hora de que los de abajo exijamos la verdad con votos, protestas y memoria, que la de arriba baje de su púlpito antes de que México se desmorone como un manuscrito medieval olvidado en la humedad, si no, el final será inevitable: una ruina observada por fantasmas inertes, mientras el águila devora su propia serpiente en un ritual de autoengaño perpetuo, con el tlatoani de Tabasco, como Huitzilopochtli, acechando en las sombras.