México, como un libro abierto pero mal leído, yace en un claroscuro donde el futuro se desvanece en una mediocridad perpetua, siete años de populismo han tejido un relato de promesas y desencantos, donde el crecimiento económico proyectado para 2025 y 2026 —un raquítico 0.4% a 2.5%— refleja un país atrapado en sus propios laberintos, el Paquete Económico 2026, con 10.11 billones de pesos (26.1% del PIB), es un pergamino que destila una verdad amarga: tres de cada cuatro pesos se consumen en programas sociales y el servicio de la deuda, dejando migajas para el desarrollo, en este escenario, los jóvenes, el pulso de la nación, enfrentan un dilema: aceptar dádivas que los atan a la precariedad o reclamar un futuro de empleos dignos, mientras miles de millones invertidos en Pemex y proyectos faraónicos —recursos que pudieron reconvertir a la petrolera en una empresa líder mundial— han engendrado deudas y pobreza en lugar de riqueza. ¿Es este el destino que elegimos o un relato que aún podemos reescribir?
El Legado de Siete Años de Populismo
Siete años de un gobierno que prometió redención han dejado un saldo de claroscuros, el populismo, con su retórica de justicia social, ha priorizado el alivio inmediato sobre el crecimiento sostenido, creando una dependencia estructural que sofoca el potencial, la incertidumbre, alimentada por reformas como la judicial, ha ahuyentado a los inversionistas, mientras el nearshoring, ese espejismo de prosperidad, se desvanece entre carreteras rotas y una inseguridad que carcome la confianza, Banco de México susurra un crecimiento que podría caer a -0.5% o apenas rozar el 0.7%, coqueteando con la recesión, inflación un ladrón sigiloso, muerde los salarios con tasas del 4-5% y las altas tasas de interés encarecen los sueños de crédito, en la calle, esto no son números: es el tendero que vende menos, la madre que raciona la despensa y el joven que, con un título en mano, encuentra solo el purgatorio de la informalidad, donde el 55% de los trabajadores languidece sin seguridad ni futuro, con un crecimiento por debajo del 2%, México no generará los 1.2 millones de empleos anuales que su juventud demanda, más el rezago de los que no se crearon, condenando a muchos a la migración o al abrazo de la delincuencia.
Un Evangelio Cautivo
El presupuesto 2026, como un evangelio cargado de buenas intenciones, está preso de sus propias prioridades, Programas para el Bienestar, con 987 mil millones de pesos (2.5% del PIB), son el pilar humanista del gobierno de Claudia Sheinbaum, pensión para Adultos Mayores, que absorbe 619 mil millones, lleva consuelo a millones, pero su universalidad desincentiva el ahorro y perpetúa la informalidad, encareciendo la contratación formal, el servicio de la deuda, con 1.57 billones (4.1% del PIB), es un tributo a errores pasados, superando el gasto en salud (966 mil millones) o vivienda (399 mil millones), junto con las pensiones contributivas (1.7 billones) y las transferencias a estados (2.8 billones), estas cargas consumen 6.5 billones —el 16.9% del PIB—, dejando un margen ínfimo para educación, salud o infraestructura.
Pemex y Proyectos Emblemáticos
El populismo ha vertido una fortuna en proyectos que prometían grandeza pero entregan deudas, desde 2018, Pemex ha recibido más de 1.5 billones de pesos en transferencias y rescates, incluyendo 263 mil millones en 2026, para sostener una empresa que pierde competitividad en un mundo que transita a energías limpias.
Proyectos faraónicos como el Tren Maya, la Refinería Dos Bocas y el Aeropuerto Felipe Ángeles han consumido cerca de 800 mil millones de pesos, con resultados cuestionables: sobrecostos, retrasos y beneficios económicos que no compensan su impacto fiscal, recursos, equivalentes al 4% del PIB en siete años, que pudieron haber financiado la reconversión de Pemex en una empresa líder mundial en energías renovables y combustibles verdes o modernizado su planta productiva para competir con gigantes como Saudi Aramco o ExxonMobil, pero con un razonamiento absurdo, en lugar de generar riqueza, Pemex arrastra una deuda de 1.9 billones de pesos, mientras México importa el 60% de su gasolina, miopía que ha perpetuado la pobreza, no solo por los empleos que no se crearon, sino por la carga fiscal que estos proyectos imponen a futuras generaciones.
Entre Dádivas y Dignidad
Los jóvenes son los protagonistas olvidados, programas sociales, aunque bienintencionados, destinan solo el 22% de sus recursos a infancias y juventudes, frente al 53% para adultos mayores, becas como Jóvenes Construyendo el Futuro, que benefician a miles, son un paliativo, no un puente hacia la autosuficiencia, dádivas que al priorizar el consumo inmediato, se han convertido en cadenas que atan a los jóvenes a la dependencia, desincentivando la búsqueda de empleos formales que ofrezcan estabilidad, seguro médico y un fondo para el retiro, así un joven que recibe 7,000 pesos mensuales de una beca cubre necesidades básicas, pero sin habilidades técnicas ni un mercado laboral dinámico, ese dinero se evapora sin construir un futuro, generar empleos dignos es la clave para romper este ciclo, México necesita 1.2 millones de empleos al año, pero con este crecimiento, apenas se genera una fracción, lo que significa egresados de ingeniería manejando autos de plataforma o jóvenes en Chiapas migrando a maquilas con salarios de miseria, la falta de empleos formales no solo limita ingresos; alimenta la inseguridad, pues la pobreza y la falta de horizontes son el caldo de cultivo de la delincuencia, las remesas, proyectadas en 70 mil millones de dólares para 2025, sostienen a millones, pero son un recordatorio cruel de que México exporta talento en lugar de crear oportunidades.
La Vida en Pausa
La mediocridad perpetua se escenifica en actos pequeños pero desgarradores, en un pueblo de Oaxaca significa la clínica sin medicinas, la escuela sin internet, porque la educación (2.9% del PIB) y la salud (menos del 2.5%) son sacrificadas por las prioridades fiscales, en la ciudad, es el joven que abandona su sueño de programador para ayudar a sus padres a vender en un tianguis o la madre que elige entre leche o tortillas porque la inflación devora su salario, la inseguridad, hija de la pobreza y la falta de oportunidades, se traduce en calles donde el miedo reina y negocios que cierran bajo la extorsión, jóvenes que al recibir dádivas en lugar de oportunidades, ven sus sueños en pausa, atrapados en un relato donde el presente se protege, pero el futuro se hipoteca.
La Redención
México guarda un potencial vibrante: su juventud, su posición junto al gigante del norte y el nearshoring como promesa, desatarlo exige audacia, en lugar de dádivas, los jóvenes necesitan un ecosistema que fomente empleos dignos: una reforma fiscal progresiva que eleve la recaudación al 20% del PIB sin castigar a la clase media con impuestos como el IEPS; alianzas público-privadas que tejan carreteras, redes digitales y parques industriales; y una inversión masiva en educación técnica y tecnología que prepare a los jóvenes para un mundo de inteligencia artificial y manufactura avanzada.
Los recursos dilapidados en Pemex y proyectos faraónicos pudieron haber transformado a la petrolera en un líder global de energías limpias, generando miles de empleos en tecnologías verdes y liberando al país de su dependencia fósil, el comercio regional y la sostenibilidad son caminos viables, pero requieren un Estado que facilite, no que solo reparta.
El Umbral Final
Siete años de populismo, con sus dádivas y proyectos faraónicos, han escrito un capítulo de promesas rotas, el presupuesto 2026 y el bajo crecimiento son la continuación de una crónica de resignación, donde los recursos se desvían a sostener un pasado en lugar de construir un futuro, los jóvenes no necesitan caridad; necesitan un país que apueste por su talento, la mediocridad perpetua no es inevitable, pero exige un acto de voluntad colectiva, el Congreso, al revisar el presupuesto y la sociedad al alzar la voz, tienen la pluma para reescribir esta historia.
Porque un país no es solo su presente, ni un presupuesto solo números: son el relato que legamos al futuro, México está en un umbral: o cruzamos hacia un renacimiento donde los jóvenes construyan, no reciban y donde Pemex sea un motor de riqueza, no de deudas o nos resignamos a ser los escribas de nuestra propia decadencia, el tiempo, juez implacable, espera nuestra respuesta.
