Camino por Iztapalapa y veo el alma de la CDMX: familias que luchan, niños que corren, madres que no se rinden. Como católico, mi fe no me deja quedarme en rezos, en mi manifiesto, lancé un desafío: comedores comunitarios en Iztapalapa, financiados por empresarios, no por políticos que usan la caridad como moneda electoral, en 2023, las iglesias de la ciudad sirvieron 1.2 millones de comidas a los necesitados, según Cáritas México, imagino 10 comedores en Iztapalapa para 2026, donde los chilangos coman con dignidad, no con limosnas.
La fe no es un arma para dividir; es un puente para unir, en una calle de Iztapalapa, conocí a la Señora Rosa, que alimenta a sus vecinos con lo poco que tiene, me dijo: “Si tuviéramos un comedor, nadie pasaría hambre aquí.”, esa es mi lucha, no quiero pelear con ateos o con la comunidad LGBT+; quiero que mi fe católica levante a los olvidados, propongo talleres de oficios en Xochimilco, guarderías en Tláhuac y comedores que sean faros de esperanza, como empresario buscaré trabajar con parroquias locales, no basta con mi esfuerzo, hace falta que los chilangos se sumen: empresarios, donen una parte de sus ganancias; jóvenes, sean voluntarios; parroquias, abran sus puertas.
La Nueva Derecha habla de “valores” mientras ignora a los que sufren, mi conservadurismo vivo actúa, en el Zócalo, he visto la fuerza de esta ciudad cuando se une, veo plazas llenas de mesas donde compartimos comida y esperanza. ¿Qué harás por tu colonia? ¿Un comedor, un taller, una guardería? Comparte esta visión en X con #ConservadurismoVivo, somos 9 millones de chilangos y la fe puede mover montañas si actuamos juntos, el conservadurismo vivo no es un tuit; es un plato de comida en la mesa donde se necesita.
