La Piedra Rosetta

Un Puente Entre Mundos y un Espejo para la Humanidad, con Ecos en las Lenguas de México

La Piedra Rosetta, descubierta en 1799 por soldados franceses en las arenas de Egipto, es mucho más que un artefacto arqueológico, es un faro que ilumina el pasado, un testimonio del ingenio humano y un símbolo perdurable de la interconexión cultural, este bloque de granodiorita, inscrito con un decreto de Ptolomeo V en 196 a.C. en jeroglíficos egipcios, demótico y griego antiguo, no solo desentrañó los misterios del Egipto faraónico, sino que se erigió como un emblema universal del poder del lenguaje como custodio de la memoria, para la cultura occidental, representa el apogeo de la curiosidad ilustrada y las complejidades de su legado colonial, para la historia universal, es un recordatorio de la fragilidad y resiliencia del patrimonio humano, con resonancias particulares en las comunidades de lenguas originarias de México, cuya lucha por la preservación lingüística encuentra en la Rosetta un eco poderoso, estar frente a este artefacto en el Museo Británico es una experiencia transformadora, un encuentro íntimo con el tiempo que nos conecta con la humanidad entera, desde los escribas del Nilo hasta los hablantes de náhuatl, maya o zapoteco, exploremos la trascendencia de la Piedra Rosetta y su relevancia para las lenguas indígenas de México, entrelazando la experiencia personal de contemplarla con su significado global.

Un Hito para Occidente: Razón, Ambición y Sombras Coloniales

En la cultura occidental, la Piedra Rosetta es un ícono del espíritu de la Ilustración, un momento en que Europa, impulsada por la fe en la razón, buscó apropiarse del conocimiento global, el desciframiento de los jeroglíficos por Jean-François Champollion en 1822 no solo abrió una ventana al mundo de los faraones, revelando detalles de su religión, política y vida cotidiana, sino que consolidó la narrativa de Occidente como heredero de las grandes civilizaciones, la piedra, capturada por los británicos en 1801 tras derrotar a los franceses y exhibida desde 1802 en el Museo Británico, se convirtió en un trofeo del ingenio europeo, era la prueba de que el “mundo civilizado” podía desentrañar los enigmas de un “oriente exótico”, alimentando un discurso de superioridad que justificaba la expansión colonial.

Sin embargo, esta narrativa lleva consigo las sombras del imperialismo, la extracción de la Piedra Rosetta de Egipto, junto con miles de artefactos, refleja las dinámicas de poder de la época, donde los museos europeos se convirtieron en repositorios del patrimonio de otras culturas, a menudo a expensas de sus pueblos originarios, hoy, el llamado de Egipto para la repatriación de la Rosetta plantea preguntas éticas que resuenan con debates similares en México, donde comunidades indígenas reclaman la devolución de códices y objetos sagrados alojados en museos extranjeros, para Occidente, la Piedra Rosetta no es solo un logro intelectual, sino un desafío para confrontar su pasado colonial y repensar la custodia del patrimonio en un mundo globalizado.

Un Símbolo Universal: El Lenguaje como Vínculo de la Humanidad

A nivel global, la Piedra Rosetta trasciende su origen ptolemaico, que fusiona tradiciones egipcias, griegas y locales, para convertirse en un símbolo de la universalidad del lenguaje, su decreto, redactado en tres escrituras para llegar a un pueblo diverso, ilustra la capacidad humana de construir puentes culturales a través de la palabra, el desciframiento de los jeroglíficos no solo revivió el Egipto antiguo, sino que estableció un paradigma para la lingüística comparativa, un legado que resuena en esfuerzos contemporáneos por preservar lenguas en peligro, como las 68 lenguas indígenas de México, habladas por más de 7 millones de personas, según el INEGI.

En México, lenguas como el náhuatl, el maya yucateco, el mixteco y el zapoteco enfrentan el riesgo de desaparecer debido a la globalización, la migración y la falta de políticas robustas de revitalización, la Piedra Rosetta, al haber preservado un mensaje a través de milenios, inspira iniciativas como las del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), que trabaja en la documentación y enseñanza de estas lenguas o proyectos comunitarios que usan tecnologías digitales para grabar relatos orales, así como la Rosetta permitió recuperar la voz de una civilización, las comunidades mexicanas luchan por mantener vivas sus lenguas, que guardan conocimientos ecológicos, históricos y espirituales únicos, por ejemplo, el tsotsil y el tseltal, hablados en Chiapas, contienen términos para plantas medicinales que no tienen equivalente en español, un saber que podría perderse sin esfuerzos de preservación.

La Rosetta también nos alerta sobre la fragilidad del patrimonio cultural, conflictos en Oriente Medio y el cambio climático, que amenaza sitios arqueológicos en el Valle del Nilo y en Mesoamérica (como las zonas mayas afectadas por huracanes), subrayan la urgencia de proteger estos legados, en México, donde sitios como Teotihuacán o Chichén Itzá son vulnerables al turismo masivo y la urbanización, la piedra nos recuerda que el pasado no es un lujo, sino una brújula para el futuro, su mensaje de diversidad lingüística resuena con la lucha de las comunidades mexicanas por el reconocimiento de sus lenguas como parte integral de la identidad nacional, desafiando siglos de marginalización colonial y poscolonial.

Frente a la Piedra: Un Encuentro con el Tiempo y la Propia Humanidad

Estar frente a la Piedra Rosetta en el Museo Británico es una experiencia que trasciende lo físico para convertirse en un diálogo con la historia, la sala, repleta de turistas, se desvanece al acercarte a la vitrina, allí, bajo una luz tenue, la piedra se alza, modesta en su rugosidad pero inmensa en su significado, sus inscripciones, talladas hace más de dos mil años, parecen vibrar con las voces de escribas que trabajaron bajo el sol del Nilo, cada línea —jeroglífica, demótica, griega— es un testimonio de un mundo donde la diversidad lingüística era poder, no obstáculo, te imaginas a un escriba ptolemaico, quizás no tan diferente de un poeta náhuatl componiendo un tlahtolli o a una anciana maya transmitiendo un relato oral en yucateco.

Sientes un escalofrío, una mezcla de reverencia y humildad, la piedra no es solo un objeto, es un puente entre tú y los millones de vidas que han precedido la tuya, por un momento, te sientes parte de algo mayor, la cadena de humanos que, desde Egipto hasta Tenochtitlán, han usado el lenguaje para dar sentido al mundo, pero también surge una inquietud, ver la Rosetta en Londres, lejos de su hogar en el Nilo, evoca las historias de los códices mexicanos en Viena o París, separados de las comunidades que les dieron vida, ¿es justo que este tesoro esté aquí, como un “bien universal”, mientras las lenguas de México luchan por sobrevivir en las tierras donde nacieron?, esa contradicción te envuelve, haciendo que la experiencia sea tan introspectiva como histórica.

La Piedra Rosetta, en su simplicidad, te confronta con la fragilidad del conocimiento, imaginas a los hablantes de totonaco o huichol, cuyos idiomas están en riesgo y sientes una conexión profunda, así como esta piedra pudo haber sido olvidada, sus palabras también podrían perderse, pero también te inspira, si un bloque de granodiorita pudo preservar la voz de una civilización, entonces las comunidades mexicanas, con sus cantos, poemas y relatos, aún tienen esperanza, la Rosetta te susurra que cada palabra náhuatl, cada cuento zapoteco, es una inscripción moderna, tan valiosa como las suyas.

Un Llamado al Futuro: México y el Mundo

La Piedra Rosetta es un espejo donde se refleja nuestra capacidad para descifrar, conectar y preservar, para Occidente, es un recordatorio de su deuda histórica, un desafío para transformar la apropiación en colaboración, quizás apoyando la repatriación de objetos o financiando proyectos de revitalización lingüística en México y más allá, para la humanidad, es un símbolo de resiliencia, un recordatorio de que el lenguaje es el hilo que une nuestro pasado con nuestro futuro, en México, donde las comunidades indígenas luchan por mantener vivas sus lenguas frente a la homogeneización cultural, la Rosetta es un faro de inspiración, proyectos como la traducción de textos escolares al mixe o la creación de aplicaciones para aprender tzotzil son ecos modernos de su legado, demostrando que la preservación cultural es un acto de resistencia y amor.

Estar frente a la Piedra Rosetta es recordar que somos herederos y guardianes, nos pide que no solo admiremos su superficie, sino que nos comprometamos con su mensaje, cada lengua, cada inscripción, es un tesoro que merece ser protegido, en un mundo dividido por fronteras y crisis, la Rosetta nos invita a escuchar las voces del pasado, desde los faraones hasta los poetas purépecha y a construir un futuro donde el patrimonio —egipcio, mexicano, humano— sea un diálogo vivo, que este artefacto, ya sea en Londres o en un futuro repatriado, siga inspirando a las comunidades de México y del mundo a tallar sus propias piedras rosettas, asegurando que sus lenguas, sus historias y su espíritu perduren por milenios más.