Minarquismo, Anarcocapitalismo y la Doctrina Social de la Iglesia: Una Incompatibilidad Radical
En un mundo donde las ideologías políticas buscan respuestas a los desafíos sociales y económicos, el minarquismo y el anarcocapitalismo han ganado adeptos entre sectores conservadores atraídos por su defensa de la libertad individual y su rechazo al poder estatal. El minarquismo, inspirado en pensadores como Robert Nozick y Friedrich Hayek, aboga por un Estado reducido a su mínima expresión: proteger la propiedad privada, mantener el orden mediante policía, tribunales y garantizar la defensa nacional, confiando en el mercado libre y su “orden espontáneo” para regular la sociedad. El anarcocapitalismo, impulsado por figuras como Murray Rothbard, va más allá, proponiendo la abolición total del Estado y delegando funciones como seguridad y justicia a mercados privados, aunque estas ideas resuenan con quienes desconfían del gobierno, chocan frontalmente con la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), un marco ético desarrollado durante más de un siglo que articula una visión cristiana basada en la dignidad humana, la solidaridad, la subsidiaridad, el bien común y la opción preferencial por los pobres, a través de encíclicas como Rerum Novarum (1891), Quadragesimo Anno (1931), Mater et Magistra (1961), Populorum Progressio (1967), Centesimus Annus (1991), Caritas in Veritate (2009) y Laudato Si’ (2015), vemos por qué estas ideologías libertarias son irreconciliables con la DSI, por qué un conservadurismo católico auténtico no puede respaldarlas y por qué no podemos apoyar un proyecto de nación, cuya defensa del libre mercado absoluto, inspirada en líderes como Javier Milei, contradice los principios éticos de la Iglesia.
Raíces y Principios: Individualismo Frente a la Visión Cristiana
El minarquismo y el anarcocapitalismo parten de un individualismo radical que exalta la libertad personal y el mercado como reguladores supremos de la sociedad, el minarquismo, influenciado por la idea hayekiana de un orden que emerge espontáneamente de las acciones individuales, tolera un Estado mínimo para evitar el caos, mientras que el anarcocapitalismo apuesta por mercados privados para gestionar incluso justicia y seguridad, ambas visiones absolutizan la propiedad privada y rechazan regulaciones que limiten al mercado, en contraste, la DSI ve al ser humano como un ser social, creado a imagen de Dios, cuya plenitud depende de relaciones comunitarias orientadas al bien común.
En Rerum Novarum (1891), León XIII condena el liberalismo económico que dejaba a los trabajadores “aislados e indefensos” ante la “codicia de la competencia desenfrenada, defiende la propiedad privada, pero subraya que debe servir al bien común, cargada de responsabilidades sociales, pide regulaciones estatales para garantizar salarios justos, limitar jornadas laborales, proteger a los vulnerables y promover el descanso dominical. El minarquismo, con su Estado pasivo y el anarcocapitalismo, sin Estado, perpetúan las injusticias que el Papa denuncia, dejando a los débiles a merced de los poderosos, para conservadurismo católico, que valora la familia y la moral tradicional, abrazar estas ideologías sería traicionar su esencia, disolviendo los lazos comunitarios en un individualismo egoísta.
Contra el Capitalismo Salvaje: Quadragesimo Anno y Mater et Magistra
En Quadragesimo Anno (1931), Pío XI analiza la Gran Depresión, atribuyéndola al “individualismo económico” que fomenta una “dominación económica” en lugar de un mercado libre, critica el laissez-faire por crear un sistema “duro, cruel e implacable”, que concentra el poder en pocos, introduce la subsidiaridad, no como una excusa para un Estado ausente, sino como un equilibrio: apoyar a familias y asociaciones, interviniendo cuando el bien común lo requiera, propone armonizar clases sociales y regular la propiedad para su función social, el minarquismo y el anarcocapitalismo, al rechazar regulaciones, permiten monopolios y desigualdades que la DSI considera inmorales.
Juan XXIII, en Mater et Magistra (1961), aborda un mundo globalizado y rechaza que los salarios se dejen al mercado, exigiendo que se basen en la justicia, el Estado debe corregir desequilibrios, garantizar empleo, ofrecer seguridad social y orientar la propiedad al bien común, promoviendo además la cooperación internacional, el minarquismo, con su Estado limitado, aísla a las naciones, mientras que el anarcocapitalismo genera caos al disolver toda autoridad, fallando en abordar problemas globales como la pobreza o la migración, estas posturas contradicen la solidaridad universal que los conservadores católicos debemos defender.
Desarrollo Integral y Globalización: Populorum Progressio y Centesimus Annus
Pablo VI, en Populorum Progressio (1967), eleva la DSI al desarrollo global, denunciando el “liberalismo desenfrenado” que lleva a la “tiranía” y al “imperialismo del dinero”, desarrollo debe ser integral, abarcando lo espiritual, cultural y social, el Estado debe planificar y coordinar, subordinando la propiedad al destino universal de los bienes, incluso permitiendo expropiaciones si obstruye el bienestar colectivo, el minarquismo restringe esta planificación y el anarcocapitalismo la elimina, perpetuando desigualdades y contradiciendo la opción por los pobres.
En Centesimus Annus (1991), San Juan Pablo II advierte contra el capitalismo salvaje tras el colapso comunista, el Estado debe regular la economía, proteger derechos laborales, combatir el desempleo y garantizar sindicatos, reafirma que la propiedad tiene una función social, basada en el destino universal de los bienes, ambas ideologías libertarias, al rechazar regulaciones y redistribución, fomentan la explotación, San Juan Pablo propone una “economía social de mercado” que equilibra libertad y solidaridad, un modelo que los conservadores católicos deberían abrazar.
Ética y Ecología: Caritas in Veritate y Laudato Si’
Benedicto XVI, en Caritas in Veritate (2009), tras la crisis de 2008, sostiene que la globalización exige regulación estatal para proteger derechos humanos y laborales, critica el individualismo que reduce la felicidad a riqueza material, abogando por un desarrollo guiado por la “caridad en la verdad”, el mercado necesita ética y autoridad pública, el minarquismo limita estas herramientas y el anarcocapitalismo las elimina, permitiendo especulaciones financieras condenadas.
Francisco, en Laudato Si’ (2015), integra la ecología, criticando el capitalismo especulativo que prioriza ganancias sobre personas y planeta, el Estado debe regular para proteger el medio ambiente, promover sostenibilidad y garantizar acceso equitativo a recursos, proponiendo una autoridad global para problemas transnacionales, el minarquismo ignora estas regulaciones y el anarcocapitalismo privatiza recursos, agravando la crisis ecológica y contradiciendo la interconexión entre justicia, paz y creación.
Consecuencias y Rechazo: Por Qué No Apoyar a Salinas Pliego
En la práctica, el minarquismo dejaría a los trabajadores sin protección, evocando la explotación de la Revolución Industrial (Rerum Novarum), el anarcocapitalismo, con justicia privatizada, crearía feudos corporativos donde los ricos dominarían, sin seguridad social, las familias, pilar del conservadurismo católico, quedarían desprotegidas (Mater et Magistra), globalmente el minarquismo aislaría naciones y el anarcocapitalismo generaría caos, ignorando la solidaridad (Populorum Progressio, Laudato Si’), los experimentos libertarios han generado históricamente desigualdades que amenazan la paz social.
Un conservadurismo católico fiel, que une fe y razón para defender la vida, la familia y la moral, no puede respaldar estas ideologías sin traicionar su identidad, apoyarlas alinearía a los católicos con un neoliberalismo secular condenado por la Iglesia.
Por ello, no podemos apoyar un proyecto libertario de nación, ya que el minarquismo y el anarcocapitalismo socavan la DSI, perpetuando injusticias y fragmentando la sociedad.
Esto explica por qué no se puede respaldar un proyecto como el propuesto por Ricardo Salinas Pliego, cuya defensa del libre mercado absoluto, inspirada en figuras como Milei, resuena con principios libertarios y contradice la visión de la DSI, los conservadores católicos debemos promover modelos como el distributismo o economías mixtas con subsidiaridad activa, fieles al Magisterio, para construir una nación donde la libertad se viva en solidaridad y caridad.
