Cada 15 de septiembre, la Ciudad de México se ilumina con los colores de nuestra bandera, el grito de libertad resuena en el Zócalo, recordándonos el valor de aquellos que, hace más de dos siglos, se alzaron para forjar una nación soberana, la Independencia de México no es solo un hecho histórico, es un recordatorio vivo de quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde debemos dirigirnos, como mexicano, empresario, defensor de los valores que nos unen, reflexiono sobre este momento crucial con orgullo, también con la responsabilidad de mirar al presente con ojos críticos, al futuro con esperanza.
La gesta de 1810, encabezada por hombres, mujeres como Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz de Domínguez, tantos otros y consumada por Agustín de Iturbide, no fue solo una lucha contra la opresión colonial, fue una defensa de nuestra identidad, de nuestra dignidad, de nuestro derecho a decidir nuestro destino, en aquellos días, México se levantó para reclamar su lugar en el mundo, uniendo a criollos, mestizos, indígenas, afromexicanos en un sueño común, ese espíritu de unidad, de sacrificio por el bien mayor, es lo que hoy debemos recuperar.
Sin embargo, no basta con celebrar la Independencia con fuegos artificiales, fiestas patrias, hoy, en 2025, enfrentamos nuevos desafíos que nos exigen ser tan valientes como aquellos héroes, la verdadera independencia no se mide solo por la ausencia de un yugo, sino por nuestra capacidad de construir un país donde la familia, la vida, la libertad responsable sean los pilares de nuestra sociedad, como empresario, sé que la libertad económica es clave para el desarrollo, pero esta debe ir acompañada de un compromiso con el bien común, no podemos permitir que el individualismo, la codicia desvíen nuestro rumbo, México necesita emprendedores que inviertan en sus comunidades, que generen empleos dignos, que promuevan un desarrollo sostenible, respetando la riqueza natural, cultural que nos define.
En la Ciudad de México, nuestro corazón cultural, económico, vemos los contrastes de un país en transformación, aquí, donde la modernidad se encuentra con la tradición, debemos liderar con el ejemplo: gestionar el agua con inteligencia, proteger nuestro patrimonio, garantizar que el crecimiento económico no deje atrás a los más vulnerables, la Independencia nos enseñó que el cambio verdadero nace del pueblo, no de élites desconectadas, por eso, critico a esa autoproclamada “Nueva Derecha” en México que, en su intento de modernizarse, diluye los valores tradicionales que dan fuerza a nuestra identidad, México no necesita una derecha que vacile en su compromiso con la familia, la vida, el orden social, merece un proyecto con raíces profundas que defienda a las familias, promueva la seguridad, construya un orden social basado en la justicia, la verdad.
No puedo ignorar los ataques que, en estos tiempos, recibe la Iglesia, una institución que ha sido faro de esperanza, cohesión para millones de mexicanos, frente a quienes la acusan sin fundamento, defiendo su legado de caridad, educación, defensa de la dignidad humana, la Independencia misma no se entiende sin la fe que inspiró a Hidalgo, a tantos otros a luchar por un México mejor, no permitamos que se difame a una institución que sigue siendo un pilar de valores en un mundo que a veces parece perder el rumbo.
Este 15 de septiembre, mientras demos el Grito en la CDMX, en cada rincón de México, recordemos que la Independencia no es un evento del pasado, sino una tarea del presente, depende de nosotros honrar a nuestros héroes con acciones concretas: defendiendo la vida desde su inicio, fortaleciendo a las familias, promoviendo una economía que incluya a todos, cuidando esta tierra que nos vio nacer, México no solo es grande por su historia, sino por el potencial de su gente, hagamos que esta Independencia sea un nuevo comienzo para construir, juntos, un futuro digno de nuestro legado.
¡Viva México, viva la libertad, viva nuestra Ciudad de México!
