Como mexicano conservador, católico, empresario y político, profundamente enamorado de la Ciudad de México y comprometido con los valores que han forjado nuestra identidad, veo en el Jubileo 2025, un Año Santo ordinario, una oportunidad transformadora para renovar los cimientos de nuestra sociedad: la familia como núcleo esencial, la defensa de la vida desde la concepción, la justicia social y el compromiso con el bien común, en un México donde la polarización, la inseguridad, la desigualdad y los retos ambientales como la crisis del agua nos desafían y en una capital vibrante que es el corazón cultural y económico de la nación, este Jubileo nos invita a reflexionar, sanar divisiones y construir un futuro que honre nuestra historia, exploremoa en profundidad los orígenes bíblicos, los orígenes históricos del Año Santo, el significado y la importancia del Jubileo 2025, destacando su relevancia para nuestro país y proponiendo un camino de acción para nuestra amada Ciudad de México.
Orígenes Bíblicos del Jubileo
El Jubileo tiene raíces profundas en el Antiguo Testamento, particularmente en el libro del Levítico (25:8-55), donde se establece que cada 50 años, tras siete ciclos de siete años sabáticos, se proclamaba un Año de Jubileo, este era un tiempo sagrado de liberación y restauración, las deudas se condonaban, los esclavos eran liberados, las tierras regresaban a sus dueños originales y la tierra misma descansaba, el propósito era corregir desigualdades económicas y sociales, renovar la armonía comunitaria y recordar que todo pertenece a Dios, promoviendo un sentido de justicia y responsabilidad colectiva, en Isaías (61:1-2), esta idea se refuerza con la promesa de un tiempo de “gracia” y “libertad para los oprimidos”, un mensaje que resuena con la defensa de la dignidad humana y el cuidado de los más vulnerables, en el Nuevo Testamento, Jesús retoma este espíritu en Lucas (4:18-19), declarando que ha venido a “anunciar el año de gracia del Señor”, vinculando el Jubileo con la liberación espiritual y la justicia social, estos orígenes no son meramente religiosos, son un llamado universal a restablecer el equilibrio, proteger a los marginados y vivir con un sentido de responsabilidad hacia los demás, un principio que resuena profundamente en nuestra identidad mexicana, forjada en la solidaridad y la lucha por la justicia.
Orígenes Históricos del Año Santo
El concepto del Año Santo, como una extensión del Jubileo bíblico, surge en la tradición católica para llevar estos principios a la vida de la comunidad cristiana, en 1300, el Papa Bonifacio VIII instituyó el primer Año Santo, invitando a los fieles a peregrinar a Roma para obtener indulgencias y renovar su compromiso espiritual, inicialmente convocado cada 100 años, el intervalo se redujo primero a 50 años, en línea con el modelo bíblico y luego, en 1470, el Papa Pablo II lo fijó en cada 25 años para los Jubileos ordinarios, asegurando que cada generación pudiera participar en este tiempo de gracia, los Jubileos extraordinarios, como el de la Misericordia en 2015-2016, proclamado por el Papa Francisco, se convocan por motivos específicos, como responder a crisis globales o celebrar hitos eclesiales, el Jubileo 2025, que comenzó el 24 de diciembre de 2024 y se extenderá hasta el 6 de enero de 2026, es un Año Santo ordinario, parte del ciclo regular de 25 años establecido tras el Gran Jubileo del 2000, su lema, “Peregrinos de la Esperanza” y su bula de convocatoria, Spes non confundit (La esperanza no defrauda), publicada el 9 de mayo de 2024, reflejan un llamado a la renovación espiritual y social, invitando a reflexionar sobre desafíos globales como las guerras, la pobreza, la migración forzada y la crisis climática, el Papa Francisco enfatizo que este Jubileo debe ser un tiempo para fomentar la esperanza, la reconciliación y la solidaridad, no solo entre los creyentes, sino en toda la humanidad.
Significado del Jubileo 2025
El Jubileo 2025 invita a los fieles a cruzar las Puertas Santas en las basílicas de Roma (San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros) o en catedrales locales designadas, como la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, como símbolo de un nuevo comienzo espiritual, este gesto, acompañado de la confesión, la Eucaristía y actos de caridad, permite obtener la indulgencia plenaria, que representa la remisión de las penas temporales por los pecados, pero el significado del Jubileo va más allá de lo espiritual, promueve valores universales como el perdón, la solidaridad y la justicia, que son esenciales para sanar las fracturas de nuestra sociedad, en México, donde la desigualdad persiste, el 10% más rico concentraba el 40% del ingreso, mientras el 10% más pobre apenas alcanzaba el 1% y donde la violencia, la inseguridad afectan a nuestras comunidades, el Jubileo nos reta a sanar divisiones, fortalecer la cohesión social y trabajar por un orden que respete la vida y coloque a la familia en el centro, su mensaje de esperanza es un antídoto contra la desesperanza que a veces nos agobia, recordándonos que, a pesar de los retos, podemos construir un futuro mejor si actuamos con responsabilidad y compromiso.
Importancia del Jubileo 2025
El Jubileo 2025, aunque ordinario, tiene una relevancia inmensa para México, es un momento para unirnos en un propósito común, en un país donde los discursos vacíos y la polarización a menudo dominan, este Año Santo nos invita a dialogar con apertura, pero sin ceder en principios esenciales como la defensa de la vida, la familia y la justicia, en la Ciudad de México, donde enfrentamos desafíos como la inseguridad y la crisis del agua, el Jubileo nos inspira a buscar soluciones que combinen nuestra sabiduría ancestral con la innovación, como empresario, veo en este tiempo una oportunidad para impulsar una economía circular que apoye a emprendedores, fomente el empleo digno y promueva un desarrollo sostenible que beneficie a todos, no solo a unos pocos, como político, lo entiendo como un llamado a rechazar la tibieza de corrientes como la “Nueva Derecha”, que a menudo diluyen los valores tradicionales en pos de modas extranjeras, México necesita un conservadurismo auténtico, con raíces profundas, que defienda la vida desde la concepción, fortalezca la familia y promueva una seguridad basada en la autodefensa proporcional, siempre con capacitación y responsabilidad.
El Jubileo 2025 también nos reta a abordar los problemas estructurales de nuestra sociedad, por ejemplo, podemos promover políticas públicas que apoyen a las madres y protejan la vida en todas sus etapas o diseñar proyectos de desarrollo urbano que respeten el medio ambiente y la dignidad de todos, en la CDMX, esto podría traducirse en iniciativas para mejorar la gestión del agua, como la modernización de infraestructura y la promoción de una cultura de cuidado de los recursos naturales o en programas que refuercen la seguridad ciudadana con un enfoque en la prevención y la cohesión comunitaria, el Jubileo nos recuerda que la verdad, respaldada por hechos y no por promesas huecas, debe guiar nuestras acciones, es un momento para construir puentes, no muros y para trabajar por un México donde nadie se quede atrás.
Defensa de la Iglesia y su Legado
Frente a quienes critican a la Iglesia por organizar el Jubileo, no puedo quedarme callado, no permito que se difame a una institución que, a pesar de sus imperfecciones humanas, ha sido un pilar de esperanza, caridad y cohesión social por siglos, en México, la Iglesia ha acompañado a nuestro pueblo en sus luchas, desde la Independencia hasta la construcción de comunidades solidarias, su legado en educación con miles de escuelas fundadas a lo largo de la historia, salud con hospitales y clínicas que atienden a los más necesitados y defensa de la dignidad humana es innegable, el Jubileo 2025 es una prueba de su compromiso con un mundo más justo y quienes lo atacan suelen ignorar los hechos históricos que respaldan su contribución, como las obras de caridad que han transformado vidas o el papel de la Iglesia en la promoción de valores que sostienen la convivencia pacífica, en la Ciudad de México, la Basílica de Guadalupe es un símbolo vivo de esta presencia, un lugar donde millones encuentran consuelo y esperanza, el Jubileo nos invita a reconocer este legado y a sumarnos a su llamado a la renovación.
Un Llamado a la Acción en México y la CDMX
En este Año Santo, invito a todos los mexicanos y especialmente a los habitantes de nuestra amada Ciudad de México, a vivir el espíritu del Jubileo con acciones concretas, fortalezcamos nuestras familias como el núcleo de nuestra sociedad, defendamos la vida en todas sus etapas, promovamos un desarrollo que incluya a todos y trabajemos por una capital que sea ejemplo de justicia, fraternidad y sostenibilidad, desde el Zócalo hasta nuestras colonias, hagamos que este tiempo sea un punto de inflexión, un México renovado no se construye con discursos, sino con el compromiso de cada uno de nosotros, en la CDMX, podemos impulsar iniciativas como la creación de programas comunitarios para apoyar a las familias vulnerables, la promoción de una educación que fomente valores de solidaridad y responsabilidad y la implementación de políticas ambientales que garanticen el acceso al agua para las futuras generaciones, como mexicanos, tenemos la fuerza de nuestra historia y nuestra fe para enfrentar los retos del presente.
El Jubileo 2025 nos desafía a ser peregrinos de la esperanza, a caminar juntos hacia un México más justo, donde la verdad y los hechos guíen nuestras decisiones, ¿cómo podemos encarnar este espíritu de liberación y restauración en nuestra vida diaria?, ¿qué pasos concretos podemos dar para que la Ciudad de México refleje los valores del Jubileo?, propongo empezar por pequeños gestos: apoyar a un vecino en necesidad, participar en iniciativas comunitarias, exigir transparencia a nuestros líderes y trabajar por una economía que ponga a las personas en el centro, la respuesta está en nuestras manos, en nuestra capacidad de unirnos y en nuestra voluntad de honrar los principios que han dado fuerza a nuestra nación por generaciones, que este Año Santo sea el comienzo de un México renovado, arraigado en su identidad y comprometido con un futuro de esperanza.