Oposición Desconectada
Como empresario y político mexicano que ha caminado las calles de esta vibrante Ciudad de México, con su legado de Tenochtitlán, su riqueza colonial y su pulso moderno, no puedo sino mirar con profunda preocupación la marcha de ayer, 31 de agosto de 2025, convocada bajo el estandarte de “La Resistencia”, este evento, que se presentó como un frente unido contra el autoritarismo del régimen actual, no es más que un eco desvaído de las protestas de 2023, aquellas que llenaron avenidas con consignas altisonantes pero se disolvieron sin resonar en el alma de los mexicanos, ayer, desde la Glorieta de la Diana Cazadora hasta el Foro Lindbergh en el Parque México, pasando por puntos como el Parque El Bolsillo en Chapultepec y Avenida Salamanca, vimos un espectáculo que pretende ser oposición, pero que carece de la profundidad y autenticidad necesarias para mover conciencias, permítanme ser claro, crítico y reflexivo, como siempre: esta marcha no representa al México profundo, sino a una élite desconectada que, bajo un disfraz de resistencia, promueve las mismas ideas que han fragmentado nuestra sociedad.
La marcha reunió a una diversidad de actores, desde colectivos ciudadanos hasta figuras políticas de la llamada “Marea Rosa” que ya conocemos, allí estaba Xóchitl Gálvez, la excandidata presidencial que en 2024 no logró articular una alternativa sólida, abrazando causas progresistas que diluyen los valores tradicionales que México necesita, junto a ella, Margarita Zavala, cuya trayectoria refleja la tibieza que ha olvidado sus raíces por temor a incomodar, también vimos a Fernando Belaunzarán, conocido por su activismo político y su discurso que mezcla críticas al régimen con posturas que, en el fondo, coinciden con las agendas progresistas del gobierno al que dice oponerse y no faltó el respaldo de Vicente Fox, el expresidente que siempre aparece en estos eventos sin ofrecer propuestas frescas, organizaciones como el Frente Cívico Nacional, Va Por Todos MX, Va Por Todos Jóvenes, Sociedad Civil México, junto a colectivos feministas, madres buscadoras y familias que claman por medicamentos para sus enfermos, completaban el mosaico, todos ellos denunciaron al régimen por su alianza con el crimen organizado y la destrucción de instituciones, pero, ¿qué los une más allá de la queja?, ¿dónde está la propuesta que inspire a las familias trabajadoras de Iztapalapa, Tlalpan o Xochimilco?
La contradicción es evidente y no puedo dejar de señalarla con un dejo de ironía: esta oposición, liderada por izquierdistas caviar de clase media alta, esos que habitan las zonas más privilegiadas de la CDMX, como Polanco o Condesa, critica al gobierno con vehemencia, pero en el fondo defiende las mismas posturas que han erosionado los cimientos de nuestra sociedad, hablan de democracia y derechos, pero promueven el feminismo radical y el aborto libre, agendas que atentan contra la protección de la vida desde la concepción y debilitan la familia como pilar de nuestra identidad cultural, Xóchitl Gálvez, por ejemplo, ha adoptado causas woke que priorizan el individualismo sobre el bien común, mientras Belaunzarán, con su historial de alianzas volátiles, parece más interesado en el reflector que en construir un proyecto con raíces profundas y hasta en encuentros previos con líderes conservadores, Rojo de la Vega ha moderado su discurso sobre pañuelos verdes y diversidad, pero sin comprometerse firmemente con la vida y la familia, según datos del INEGI, la tasa de hogares monoparentales en la CDMX ha crecido un 15% en los últimos cinco años y el divorcio en alcaldías como Cuauhtémoc supera el 40%, ¿qué propone esta “resistencia” para fortalecer el tejido social?, nada, salvo repetir eslóganes que dividen en lugar de unir.
Más grave aún es la desconexión con las necesidades reales de los mexicanos, mientras en colonias en Iztapalapa, Tláhuac las familias luchan por acceso al agua, un problema que podría resolverse con soluciones inspiradas en la sabiduría ancestral de los canales de Xochimilco, estas marchas se limitan a un desfile de consignas que no resuenan con la mayoría silenciosa, madres buscadoras que merecen todo nuestro respeto, pero su dolor es instrumentalizado por una oposición que no ofrece soluciones concretas, como una seguridad responsable que permita a las comunidades protegerse proporcionalmente sin caer en la anarquía, organizaciones como el Frente Cívico Nacional o Va Por Todos MX, que podrían ser un puente hacia un diálogo plural, se pierden en la retórica vacía, mientras colectivos feministas insisten en agendas que alienan a quienes ven en la familia y la vida los valores esenciales de México, esta no es la oposición que necesitamos, es un eco de la “Nueva Derecha”, representada por un PAN que ha sacrificado sus principios por complacer modas extranjeras, que no moviliza porque carece de autenticidad.
Respeto el derecho de todos a manifestarse en esta ciudad que es un faro de libertad y cultura, pero sí cuestiono la hipocresía de un movimiento que se dice “resistencia” mientras abraza las mismas ideas que critica en el régimen, México y en especial nuestra CDMX, merece más que este déjà vu estéril, necesitamos un conservadurismo auténtico, con raíces en nuestra historia y valores, que defienda la vida, la familia y el orden social con propuestas concretas: apoyo real a las madres en vulnerabilidad, una economía inclusiva que fomente a los emprendedores y un desarrollo sostenible que mire al futuro sin olvidar nuestro pasado, imaginemos una CDMX que lidere con energías renovables, que resuelva la crisis del agua con la inteligencia de nuestros antepasados y que construya seguridad desde la comunidad.
¿Seguiremos atrapados en este ciclo de protestas sin alma o construiremos un proyecto que una a los mexicanos en torno a lo que nos da identidad?, la Ciudad de México, con su espíritu indomable y su potencial para ser un motor de cambio, nos llama a hacerlo mejor, es hora de dejar atrás la tibieza y movilizar conciencias con un compromiso firme por la verdad, los hechos y el bien común.