Un Llamado a Transformar México desde la Sabiduría Eterna
Como mexicano orgulloso, empresario, político y profundamente enamorado de la Ciudad de México, ese crisol vibrante donde se cruzan la historia, la fe y los sueños de millones, me detengo hoy a meditar sobre el Evangelio según San Lucas, este pasaje, con su claridad desarmante, nos ofrece no solo una lección espiritual, sino un mapa práctico para construir una sociedad más justa, solidaria y arraigada en los valores que han sostenido a México por siglos, en un país donde la desigualdad, la ambición desmedida y las promesas vacías de ciertas élites políticas, como esa autoproclamada “Nueva Derecha”, amenazan el tejido social, las palabras de Jesús resuenan con una fuerza que no podemos ignorar, nos invitan a la humildad, al servicio desinteresado y a poner en el centro a los más vulnerables, principios que, desde mi experiencia como empresario y defensor de la familia, considero esenciales para un México que aspire al bien común.
La Humildad: El Antídoto a la Vanidad de Nuestro Tiempo
El pasaje comienza con Jesús en un banquete, observando cómo los invitados compiten por los primeros puestos, con una mezcla de sabiduría y esa ironía sutil que desenmascara las contradicciones humanas, Jesús advierte: “Cuando seas invitado, ve a sentarte en el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’”, esta enseñanza no es solo sobre etiqueta social, es una revolución de valores, en la Ciudad de México, donde las brechas sociales son visibles en cada esquina, desde los vendedores ambulantes de Tepito hasta los ejecutivos de Santa Fe, la carrera por el prestigio y el poder puede volverse una trampa, he visto, en mi trayectoria, cómo muchos líderes, incluidos muchos del PAN o de esa “Nueva Derecha” que tanto presume modernidad y cohesión caen en la tentación de buscar los reflectores, priorizando alianzas políticas frágiles o modas extranjeras sobre los valores que nos dan raíz: la familia, la vida, la responsabilidad, México no necesita una derecha que se doblega ante las tendencias globales, sino un conservadurismo auténtico, con el coraje de defender nuestra identidad cultural y el orden social que nos une.
La humildad que Jesús propone no es resignación ni autodegradación, es una estrategia inteligente para la convivencia y el liderazgo, es reconocer que el verdadero poder no está en el aplauso efímero, sino en la capacidad de escuchar, de aprender y de elevar a los demás, en mi trabajo como empresario, he aprendido que un líder humilde no solo inspira confianza, sino que construye equipos sólidos, capaces de innovar y resistir las tormentas, en la política, esta humildad se traduce en gobernar para todos, no solo para los que gritan más fuerte o tienen más recursos, por ejemplo, los datos del INEGI muestran que en la CDMX, el 30% de la población vive en condiciones de pobreza urbana, ¿cómo podemos hablar de progreso si nuestros líderes buscan los “primeros puestos” mientras ignoran a quienes apenas sobreviven?, un México fuerte empieza con líderes que eligen el último lugar, que trabajan desde abajo para construir puentes, no muros.
La Generosidad: Invitar a los que No Pueden Pagar
La segunda parte del pasaje es aún más radical, Jesús dice al anfitrión: “Cuando des un banquete, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque ellos te invitarán a su vez, y así quedarás recompensado”, en cambio, invita a los pobres, los lisiados, los cojos, los ciegos, “y serás dichoso, porque no te pueden corresponder”, este es un desafío directo a nuestra mentalidad utilitaria, donde tantas veces damos esperando recibir algo a cambio, un favor, un voto, un contrato, en un México donde la corrupción y el clientelismo han dañado la confianza, esta enseñanza nos llama a una generosidad desinteresada, a un amor que no calcula réditos.
Como empresario, sé que el éxito verdadero no se mide en utilidades, sino en el impacto que generamos, en la CDMX, enfrentamos retos colosales: la crisis del agua, que afecta desproporcionadamente a las alcaldías más pobres como Iztapalapa; la desigualdad económica, con un 20% de la población sin acceso a servicios básicos y la inseguridad, que exige soluciones responsables, como capacitar a ciudadanos para una autodefensa proporcional sin caer en la violencia descontrolada, frente a estos problemas, propongo un modelo de desarrollo inclusivo: apoyar a madres solteras con programas que protejan la vida desde la concepción, fomentar el emprendimiento en comunidades marginadas con capacitación, microcréditos y promover una economía circular que integre energías renovables para un crecimiento sostenible, estas no son promesas vacías, sino compromisos concretos que reflejan el espíritu de este Evangelio: dar sin esperar, porque la verdadera recompensa no está en los titulares, sino en la dignidad que ayudamos a restaurar.
La Iglesia: Un Pilar Inquebrantable
No puedo dejar de lado un aspecto que, como católico, me toca profundamente: la defensa de la Iglesia frente a los ataques que sufre, aunque este pasaje no menciona directamente a la Iglesia, su mensaje está impregnado de los valores que ella ha custodiado por siglos: la humildad, la caridad, la defensa de la vida y la familia, cuando escucho críticas que buscan desacreditarla, acusándola de anacrónica o irrelevante, me indigna la ignorancia de quienes olvidan su legado, la Iglesia ha sido faro de esperanza, motor de caridad y defensora de la dignidad humana en los momentos más oscuros de la historia, en México, desde la labor de los misioneros que preservaron lenguas indígenas hasta las obras sociales que hoy sostienen a millones, su contribución es innegable, no permito que se la difame, porque su mensaje, como el de este Evangelio, no es una guía para construir sociedades donde el amor y la justicia prevalezcan.
Un Llamado a la Acción para la CDMX y México
Este pasaje de San Lucas no es solo una reflexión para la intimidad, es un manifiesto para la acción pública, en la Ciudad de México, con su riqueza cultural y sus desafíos, necesitamos líderes que encarnen esta humildad y generosidad, no basta con discursos grandilocuentes o promesas de campaña, los hechos hablan más alto, propongo un proyecto político y social que ponga a la familia en el centro, que defienda la vida desde su inicio, que promueva una seguridad responsable y que gestione los recursos, como el agua, con la sabiduría de nuestras raíces y la innovación del presente, critico con firmeza a esa “Nueva Derecha” que en su afán por ser moderna, olvida los principios que nos dan identidad, México no necesita copias de modelos extranjeros, necesita un conservadurismo con raíces profundas, que mire a la CDMX como un faro de esperanza para el país.
El Evangelio de San Lucas 14, 1, 7-14 nos desafía a vivir de manera diferente: a elegir el último lugar, a abrir la mesa a los excluidos, a dar sin esperar, como mexicano, invito a mis compatriotas a abrazar estos valores, no por imposición, sino porque son la base de un futuro sólido, en la CDMX construyamos una ciudad donde la humildad sea fortaleza, donde la generosidad sea riqueza y donde la verdad, como siempre, hable por sí misma en los hechos, México con su historia y su fe, merece que lo hagamos realidad.