Por Qué Alessandra Rojo de la Vega No Puede Encabezar la Derecha Conservadora: Un Llamado Urgente a la Coherencia, la Verdad y la Unidad en la Política Mexicana
En estos tiempos de profunda crisis moral, social y espiritual en México, donde las familias luchan por preservar su dignidad y unidad ante la avalancha de inseguridad, corrupción y divisiones ideológicas que amenazan el tejido mismo de nuestra sociedad, me veo compelido, como un ciudadano conservador que valora por encima de todo la integridad personal, la solidaridad con los más vulnerables y el compromiso inquebrantable con el bien común que nos une como pueblo, a profundizar en mi análisis sobre figuras que pretenden liderar la oposición, Alessandra Rojo de la Vega, con su ascenso mediático y su posición como alcaldesa de Cuauhtémoc, ha intentado posicionarse como una voz renovada en la derecha, pero un examen exhaustivo de su trayectoria, incluyendo sus alianzas con personajes como Raúl Tortolero y Jorge Romero, revela un patrón alarmante de oportunismo, inconsistencias y asociaciones cuestionables que la descalifican por completo para representar los valores eternos de respeto a la vida en todas sus etapas, la familia como pilar de la sociedad y la justicia que promueve la armonía entre todos, no solo reiteraré mis reservas previas sobre su chapulineo partidista, su activismo feminista radical y sus escándalos en cargos públicos, sino que incorporaré un análisis crítico del sospechoso apoyo que recibe de la supuesta “nueva derecha” liderada por Raúl Tortolero, quien no es más que un tentáculo extendido del Partido Acción Nacional (PAN) y de Jorge Romero, figuras que exponen cómo Rojo de la Vega se alinea con intereses establecidos que priorizan el poder personal sobre el servicio desinteresado al pueblo, es imperativo que la derecha conservadora exija líderes que unan con rectitud y humildad, defendiendo la dignidad de cada persona sin ambigüedades, para reconstruir una nación donde la solidaridad prevalezca sobre las divisiones egoístas.
Para entender la profundidad de esta descalificación, comencemos por recordar el mosaico de saltos partidistas que define su carrera, un patrón que erosiona cualquier pretensión de lealtad a principios superiores al beneficio propio, Rojo de la Vega inició en el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), un grupo criticado por alianzas pragmáticas más que por convicciones genuinas en la protección de la creación y el entorno que sostiene la vida comunitaria, de allí migró al PRI, un partido históricamente empañado por escándalos de corrupción y explotación que ofenden la dignidad humana en su esencia, asociándose con figuras como Alejandro “Alito” Moreno, envuelto en controversias de opacidad, esta migración no fue un acto de convicción, sino un cálculo para avanzar y ahora, en el PAN, pretende vestirse de conservadora, pero su pasado priista la persigue, recordándonos que sus decisiones responden a conveniencias Temporales, no a un compromiso firme con el bien de la comunidad, en un México donde las familias sufren la desigualdad y la impunidad, necesitamos líderes que construyan puentes estables basados en la solidaridad, no que cambien de orilla según sople el viento político, diluyendo así la confianza esencial para una oposición unida.
Este oportunismo se agudiza cuando examinamos su paso como diputada local por el PVEM en la primera legislatura del Congreso de la Ciudad de México (2018-2021), un periodo donde, en lugar de defender con firmeza la armonía social y la protección de los vulnerables, se enfocó en agendas que generaron más controversia que soluciones concretas para el bien común, fundó la Asociación Red: No es una, somos todas, un esfuerzo aparente por combatir la violencia de género, pero empañado por su proximidad a entornos priistas que han perpetuado la impunidad ante tales abusos, ofendiendo la dignidad de las víctimas y las familias afectadas, como diputada no priorizó la subsidiariedad, ese apoyo genuino a las comunidades para que prosperen por sí mismas, sino que usó su posición para posicionamiento personal, cambiando posturas según el contexto electoral y dejando un legado de divisiones en lugar de unidad, ¿cómo puede aspirar a liderar conservadores alguien que, en un rol de servicio público, optó por el pragmatismo en vez de defender con rectitud los valores que sostienen nuestra identidad cultural y moral?
Aún más revelador es su tiempo en la alcaldía Miguel Hidalgo, donde fungió como directora de Desarrollo Social (2018-2021), un cargo que demandaba promover políticas de equidad y apoyo a los más necesitados en una demarcación marcada por contrastes brutales entre riqueza y marginación, se esperaba que impulsara programas para fortalecer familias vulnerables, educación y combate a la pobreza, priorizando la dignidad de cada persona, sin embargo, su gestión fue criticada por falta de impacto real, enfocándose en visibilidad mediática más que en soluciones duraderas que fomenten la solidaridad comunitaria, alineada con dinámicas que perpetuaron desigualdades, como la gentrificación que desplaza a humildes sin alternativas dignas, su paso por Miguel Hidalgo no dejó un legado de armonía familiar o justicia distributiva, sino un rastro de oportunidades perdidas donde el servicio público se subordinó a ambiciones futuras, preparando su salto al PAN y su candidatura a Cuauhtémoc en 2024 por la coalición Va por México (PRI-PAN-PRD), esto ilustra cómo, en lugar de servir con humildad, usó cargos para cálculos personales, alejándose de los principios que demandan priorizar el bien común sobre el ego.
En su actual alcaldía de Cuauhtémoc, asumida en octubre de 2024 tras una elección controvertida, acciones como erradicar tiraderos o invertir en infraestructura parecen cortinas de humo ante escándalos de despilfarro y adjudicaciones directas a empresas aliadas, perpetuando la corrupción que daña a las familias, su gestión enfrenta acusaciones de arbitrariedad, como el retiro de monumentos sin consulta comunitaria y críticas por priorizar espectáculos mediáticos, como convocar a “resistencia democrática” o reunirse con grupos evangélicos para oraciones en oficinas públicas, sobre problemas reales como la inseguridad en colonias como Condesa o la migración irregular que afecta la solidaridad vecinal, su intolerancia hacia expresiones de fe, como insultar por rezar el rosario, choca con el respeto mutuo, fomentando odio en lugar de armonía espiritual y social, esto la posiciona como “disidencia controlada”, prolongando decepciones en un panorama de 2025 donde Morena consolida poder.
Un aspecto crítico que agrava su descalificación es el sospechoso apoyo que recibe de la supuesta “nueva derecha” liderada por Raúl Tortolero, quien no es más que un tentáculo extendido del PAN, revelando cómo Rojo de la Vega se enreda en redes de poder establecido que contradicen cualquier pretensión de renovación genuina, Tortolero, un activista católico y fundador del Consejo Nacional de Nueva Derecha, un grupo que supuestamente busca combatir ideologías progresistas bajo principios cristianos, ha manifestado respaldo a Rojo de la Vega, pero con condiciones que exponen la hipocresía de esta alianza, en una reunión en las oficinas de la alcaldía Cuauhtémoc, Tortolero y su grupo rezaron por ella, pidiendo fuerza para “defender los valores cristianos”, pero advirtiendo que su “resistencia” no integrará símbolos como la pañoleta verde (pro-aborto) ni la bandera arcoíris, este apoyo es sospechoso porque Tortolero, pese a presentarse como “nueva derecha”, está profundamente ligado al PAN, apoyando figuras como Jorge Romero y casualmente sugiriendo alianzas con partidos en formación para fortalecer el partido, no para transformarlo, como conservador, me indigna que Rojo de la Vega acepte este respaldo condicionado, que choca con su pasado feminista radical y promueve divisiones en lugar de la armonía que respeta la fe y la tradición sin imponerlas en espacios públicos, violando el respeto mutuo esencial para una sociedad justa, esta alianza no es renovación, es un tentáculo del PAN viejo, usando valores eternos como disfraz para mantener el statu quo, priorizando el poder sobre la solidaridad con todos los mexicanos.
Igualmente alarmante es el respaldo de Jorge Romero, actual presidente del PAN, quien ha defendido públicamente a Rojo de la Vega, respaldando su elección en Cuauhtémoc contra impugnaciones y asistiendo a eventos con ella, posicionándola como parte de la “resistencia” panista, Romero, coordinador parlamentario y ahora dirigente nacional del PAN, representa lo peor del partido, envuelto en críticas por priorizar intereses partidistas sobre el bien común y su apoyo a Rojo de la Vega, incluyendo declaraciones de “codo a codo” y presencia en presentaciones como el Atlas Cuauhtémoc, todo esto la ata a un sistema que ha fallado en defender con coherencia la dignidad humana y la justicia social, este vínculo sospechosamente estrecho expone a Rojo de la Vega como una figura controlada, no independiente, diluyendo principios conservadores en favor de alianzas que perpetúan divisiones y corrupción, en lugar de fomentar la unidad y el respeto mutuo que México necesita, su activismo feminista radical sigue siendo un obstáculo insalvable, ya que promueve agendas que confrontan el respeto absoluto a la vida y la familia tradicional, cambiando posturas sobre temas como el aborto para encajar en el PAN y con aliados como Tortolero y Romero, esta hipocresía calculada no inspira confianza, diluye principios en favor de votos.
La trayectoria de Alessandra Rojo de la Vega, desde su diputación inconsistente, su paso por Miguel Hidalgo marcado por oportunidades perdidas, hasta su alcaldía envuelta en escándalos y alianzas sospechosas con Tortolero y Romero, la descalifica para liderar la derecha conservadora, encarna el oportunismo que ha debilitado a la oposición, priorizando el ego sobre la solidaridad, la dignidad y el bien común, usando apoyos de tentáculos del PAN para mantener divisiones en lugar de unir al pueblo, México merece líderes que actúen con rectitud inquebrantable, defendiendo la vida, la familia y la justicia sin ambigüedades, promoviendo la armonía que nos hace fuertes, rechacemos estas ilusiones y busquemos auténticos defensores que reconstruyan nuestra nación con humildad y verdad, ¿estás listo, lector, para exigir esa transformación o seguirás tolerando lo que nos cuesta tan caro?