La soberanía que no llega

El fracaso de una gestión improvisada

México enfrenta, una vez más, una crisis que el gobierno se empeña en disfrazar de “problema temporal”, mientras miles de ciudadanos recorren gasolineras cerradas o esperan en filas interminables para cargar combustible, la frase “no hay desabasto, pero no hay gasolina” no es solo una contradicción, es un reflejo crudo de la incapacidad administrativa de un gobierno que parece navegar sin rumbo, desde mi perspectiva, como alguien que valora la responsabilidad y el orden, esta situación no es un accidente aislado, sino el resultado predecible de una gestión improvisada, opaca y desconectada de las necesidades de la gente, si la gasolina está en las terminales de Pemex, como aseguran, ¿por qué no llega a las bombas?, la respuesta está en un sistema energético mal administrado, donde la retórica de la “soberanía” no puede ocultar la falta de planificación y la negligencia.

La información verificada pinta un panorama desolador, en Chiapas, desde el 10 de agosto de 2025, piperos y jubilados han bloqueado la Terminal de Almacenamiento y Despacho en Puerto Chiapas, exigiendo pagos atrasados que, según reportes, alcanzan los 500 mil pesos por empresa transportista, además de la reactivación de servicios médicos suspendidos desde hace meses, este paro ha dejado a 22 municipios, incluyendo Tapachula, Huixtla y Huehuetán, sin suministro suficiente, con gasolineras cerradas o racionando el combustible a 20 litros por vehículo, en la Ciudad de México y el Estado de México, colonias como Tlalpan, Coyoacán, Benito Juárez y Ecatepec enfrentan estaciones sin servicio o con filas de hasta dos horas, Pemex asegura que solo el 2% de las 1,800 gasolineras en estas zonas están afectadas, pero para quienes no encuentran dónde surtirse, ese porcentaje es irrelevante, en Nuevo León, la Zona Metropolitana de Monterrey padece retrasos similares, atribuidos a una escasez de pipas y una logística deficiente, estas no son fallas aisladas, son síntomas de un problema sistémico que el gobierno no ha sabido, o no ha querido, resolver.

La respuesta oficial, liderada por la presidenta Claudia Sheinbaum, es insistir en que no hay desabasto, solo “retrasos en la distribución”, Pemex, en un comunicado del 14 de agosto de 2025, afirmó que las terminales tienen inventarios suficientes y que medidas como reasignar pipas de la Sedena están en marcha, pero estas soluciones improvisadas llegan tarde y no atacan la raíz del problema, los reportes de medios como La Jornada y El Universal muestran que las deudas de Pemex con transportistas, la falta de mantenimiento en la infraestructura y los conflictos laborales no resueltos son los verdaderos culpables, en Chiapas, por ejemplo, los piperos denuncian que Pemex no ha pagado adeudos desde hace meses, lo que los ha llevado a parar operaciones, esta falta de pagos no es nueva, es un patrón de negligencia que se repite mientras el gobierno presume avances en la “soberanía energética”, ¿cómo es posible que, en un país con una tradición petrolera de décadas, la distribución de gasolina dependa de parches y promesas vacías?

Esta nueva crisis es un fracaso rotundo de la administración pública, el gobierno de Morena, con su obsesión por centralizar el control de Pemex y priorizar proyectos como la refinería Olmeca en Dos Bocas, ha descuidado la logística básica que hace llegar el combustible a los ciudadanos, la refinería, que costó miles de millones de pesos y aún no opera al 100%, es un símbolo de esta gestión: promesas grandiosas que no se traducen en resultados, la crisis actual recuerda a la de 2019, cuando el combate al huachicol dejó a millones sin gasolina, entonces, como ahora, el gobierno minimizó el problema y culpó a factores externos, pero la verdad es más simple: no saben administrar, la falta de mantenimiento en pipas, la incapacidad para negociar con transportistas y la opacidad en el manejo de Pemex han creado un cuello de botella que paraliza al país, mientras tanto, los ciudadanos pagan el precio, no solo en filas y tiempo perdido, sino en un aumento constante de los costos de vida, con precios de gasolina que, según PetroIntelligence, alcanzan los 23.61 pesos por litro para la regular y 25.64 para la premium en agosto de 2025.

La solución no puede quedarse en parches, se necesita una reestructuración profunda de Pemex, empezando por una gestión transparente que priorice el pago a proveedores, el mantenimiento de la infraestructura y la resolución de conflictos laborales, el gobierno debe dejar de lado la retórica triunfalista y admitir que su modelo no funciona, la “soberanía energética” no significa nada si los mexicanos no pueden llenar sus tanques, además, urge un plan de contingencia que garantice la distribución, como aumentar la flota de pipas, diversificar los canales de transporte y dialogar con los piperos para evitar más bloqueos, a largo plazo, México necesita una política energética que combine eficiencia operativa con inversión estratégica, no megaproyectos que sirven más como propaganda que como soluciones, el anuncio de un vehículo financiero de 250 mil millones de pesos para Pemex en 2025 suena prometedor, pero sin un cambio en la forma de administrar, es solo más dinero arrojado a un sistema roto.

Actuemos con responsabilidad, evitemos las compras de pánico que empeoran la escasez, planifiquemos nuestros recorridos y usemos el transporte público cuando sea posible, pero la carga principal recae en el gobierno, la confianza de la gente no se recupera con comunicados que niegan la realidad, sino con gasolineras surtidas y una economía que no se detenga, este no es solo un problema de logística, es una crisis de gobernanza, México merece una administración que no deje a sus ciudadanos varados, la gasolina puede estar en las terminales, pero si no llega a las bombas, para millones de mexicanos, simplemente no existe, y eso, en un país que se dice petrolero, es una vergüenza.