Manual para el subdesarrollo

No puedo evitar sentir una profunda indignación al leer el Bando 1 de Clara Brugada, ese pomposo decreto titulado “Por una Ciudad Habitable y Asequible con Identidad y Arraigo Local”, presentado con fanfarria el 16 de julio de 2025, este documento no es más que un asalto disfrazado de benevolencia al corazón mismo de la libertad individual y el dinamismo económico de la Ciudad de México, yo, que he visto cómo regulaciones bienintencionadas han estrangulado ciudades enteras en el pasado, lo declaro sin rodeos: este bando es un veneno envuelto en papel de regalo, un retroceso ideológico que amenaza con convertir nuestra metrópolis en un laboratorio fallido de intervencionismo estatal.

Empecemos por lo obvio: la estabilización de rentas, que limita los aumentos al índice de inflación del INEGI, es un control de precios puro y duro, una receta probada para el desastre, ¿acaso Brugada ignora las lecciones de la historia?, en Nueva York o Berlín, medidas similares han generado escasez de vivienda, mercados negros y un deterioro masivo en la calidad de los inmuebles, porque ¿quién invierte en mantenimiento cuando el gobierno te quita el incentivo económico?, este bando no estabiliza nada, lo que hace es desincentivar a los propietarios honestos, aquellos que arriesgan su capital para ofrecer techos a la gente, en lugar de fomentar más oferta a través de incentivos fiscales o desregulación inteligente, opta por el garrote estatal, castigando a quienes osan ganar dinero en un mercado libre, es un atentado directo contra la propiedad privada, ese pilar constitucional que Brugada parece tratar como un estorbo molesto.

Y no se detiene ahí, la regulación de plataformas, presentada como una defensa contra la especulación, es en realidad un ataque a la libertad de emprendimiento, imagínense: dueños de propiedades que complementan sus ingresos alquilando temporalmente, ahora sometidos a una “metodología objetiva” impuesta por burócratas, ¿objetiva?, ¡por favor!, esto huele a censura económica, a un gobierno que decide quién puede innovar y cómo, en una ciudad donde el turismo inyecta miles de millones a la economía local, limitar estas plataformas no protege a las comunidades, las empobrece, ahuyentando inversiones y convirtiendo barrios vibrantes en zonas estancadas, yo lo veo claro: es clientelismo disfrazado, prometiendo “arraigo local” mientras se pisotea la autonomía de los individuos para elegir cómo usar sus bienes.

Luego está la creación de una Defensoría de Derechos Inquilinarios, un nuevo organismo público que, en teoría, defiende a los inquilinos, pero en práctica será un nido de burocracia ineficiente y sesgada, ¿defensa legal gratuita contra desalojos?, suena noble, pero ¿quién paga la fiesta?, los contribuyentes por supuesto, mientras los propietarios enfrentan un desequilibrio flagrante en sus derechos, este bando ignora que los contratos son acuerdos voluntarios entre adultos, al interferir, el gobierno se erige como árbitro supremo, erosionando la libertad de contrato y fomentando un victimismo perpetuo, en barrios donde ya hay hacinamiento —sí, el 60% de la población lo sufre—, esto no resuelve el problema raíz: la falta de nueva construcción, bloqueada por regulaciones como esta que espantan a los inversionistas.

No olvidemos el énfasis en vivienda pública y programas para “sectores prioritarios”, ¿vivienda sostenible en zonas céntricas?, eso significa más gasto público, más deuda, y un Estado omnipotente que decide quién vive dónde, priorizando colectivos sobre individuos, es socialismo habitacional en su forma más cruda, evocando los fracasos de Venezuela o Cuba, donde el control estatal ha llevado a ruina urbana, Brugada habla de combatir la gentrificación, pero ¿qué es esto sino una gentrificación inversa, desplazando a la clase media productiva con subsidios selectivos?, el Observatorio de Suelo y Vivienda no es más que un vigilante estatal, recolectando datos para más intervenciones, invadiendo la privacidad y sofocando la innovación.

En última instancia, este bando no es pionero en América Latina, como lo pintan, es un manual del subdesarrollo, un retroceso a políticas populistas que prometen paraíso y entregan miseria, yo que amo esta ciudad por su caos creativo y su espíritu emprendedor, lo rechazo de plano, Clara Brugada, con su trayectoria en Morena, parece obsesionada con el control en lugar de la libertad, si esto se implementa, veremos una Ciudad de México más pobre, más dividida y menos habitable, es hora de que los ciudadanos despierten: no dejemos que este decreto nos robe el futuro en nombre de una utopía fallida.