Disfruta lo Votado

El veneno que desgarra la dignidad y fractura a México

Nunca había sentido una herida tan profunda en nuestra manera de hablar de política como la que ha infligido la frase “disfruta lo votado”, la vi por primera vez en un hilo de X, donde alguien, desesperado, lamentaba que el precio de la tortilla se hubiera disparado, el comentario que recibió, empapado de sarcasmo y desprecio, no buscaba explicar ni tender una mano, era un puñetazo verbal, una burla cortante que gritaba: “Tú te lo buscaste”, desde entonces, esta frase se ha clavado como un cuchillo en redes sociales, en charlas de esquina, en sobremesas y me ha dejado preguntándome: ¿cuándo nos volvimos tan crueles?, ¿cuándo decidimos que humillar al otro, pisoteando su dignidad, es el mejor desahogo para nuestra rabia contra un sistema que nos traiciona a todos? Y más grave aún, ¿cómo ha convertido esta frase nuestra polarización en una guerra que nos está despedazando como país?

En México, las elecciones no son un simple trámite, son un torbellino emocional donde se cruzan esperanzas frágiles, temores profundos y promesas de un futuro que casi nunca llega, votar es un acto de fe, un intento desesperado por moldear un país herido por la desigualdad, la violencia y la desconfianza, pero cuando alguien alza la voz —por el gas que quema el bolsillo, por la inseguridad que nos roba la paz, por un sistema de salud que se derrumba— y le responden con un “disfruta lo votado”, no hay espacio para la empatía, no hay diálogo, solo un desprecio que corta como navaja, esta frase apunta con saña a quienes apoyaron al sistema político en el poder, como si su voto fuera la raíz de todos los males, en X, la he visto en hilos que se desbordan de furia: alguien reclama por la escasez de medicinas en hospitales públicos y le llueven “disfruta lo votado”, otro lamenta el alza del transporte y el dardo es idéntico, no es una crítica, es un castigo, un latigazo que no busca resolver, sino herir y en cada herida, aviva una polarización que quiebra familias, barrios y al país entero.

La polarización en México no es nueva, pero frases como “disfruta lo votado” la han convertido en un veneno que nos corroe, esta expresión no solo humilla, sino que enciende la narrativa de “nosotros contra ellos” que define nuestro paisaje político, en un país donde el sistema actual se vende como una ruptura con un pasado de corrupción, quienes lo apoyan son vistos por sus críticos como cómplices de un proyecto que tambalea, mientras los opositores son tachados de elitistas o traidores a la causa popular, “disfruta lo votado” captura esa fractura con una precisión brutal, transforma al votante en un enemigo, no en un compatriota con una visión distinta, en X, donde las discusiones se incendian, he visto hilos que empiezan con una queja válida —el desabasto de combustible, la violencia que asfixia lugares como Michoacán— y se convierten en un campo de batalla donde esta frase es la granada favorita, el resultado es una sociedad donde el rencor sofoca cualquier atisbo de conversación, donde la empatía es aplastada por la necesidad de señalar y castigar.

Esta polarización no es solo un eco en redes sociales, sus consecuencias son devastadoras, el informe de Latinobarómetro 2024 coloca a México entre los países de América Latina con mayor percepción de división social: un 65% de los encuestados siente que estamos más rotos que hace una década, “disfruta lo votado” agrava esa ruptura al clausurar cualquier posibilidad de entendimiento, en lugar de preguntarse por qué alguien apoyó al sistema —tal vez por sus promesas de justicia social, por el rechazo a un pasado de privilegios o porque no vio otra salida—, la frase lo reduce a un error estúpido, un blanco fácil para la burla, esto no solo destroza la dignidad de una persona, sino que levanta murallas ideológicas que nos convierten en adversarios en un país que clama por soluciones compartidas, pienso en mi vecina, una madre soltera que se rompe el alma trabajando turnos dobles para mantener a sus hijos, ella votó por el sistema actual porque sus promesas de apoyos sociales eran un rayo de esperanza en su vida agotada, cuando esos apoyos no llegaron y expresó su desencanto en una reunión vecinal, alguien le soltó: “Eso te pasa por apoyar al sistema, disfruta lo votado”, esas palabras no solo la señalaron como culpable, la hicieron sentir menos, como si su esperanza, su lucha, su error en la urna borraran su valor como ser humano, ese desprecio no solo le dolió, sino que la apartó de la comunidad, reforzando la idea de que en un México partido en dos no hay lugar para equivocarse ni para cambiar de idea.

La fuerza de “disfruta lo votado” está en cómo clava el dedo en los partidarios del sistema, acusándolos de ser los arquitectos de los males colectivos, pero el costo es inhumano: despoja al votante de su humanidad, en un país donde más de 40 millones de personas viven en pobreza, donde la desinformación se propaga como incendio y las opciones electorales a menudo parecen un juego cruel de elegir el mal menor, esta frase ignora la complejidad de las decisiones humanas, muchos apoyan al sistema porque creen en su discurso de transformación, porque recuerdan un pasado de abusos o simplemente porque no confían en las alternativas, decir “disfruta lo votado” es arrancarles el derecho a equivocarse, a aprender, a ser humanos, es un gesto de superioridad moral que no ofrece soluciones, sino que se deleita en el sufrimiento ajeno, alimentando una polarización que nos aleja aún más, en un México donde todos enfrentamos las mismas calles peligrosas, los mismos hospitales desbordados, los mismos precios que nos estrangulan, este desprecio es un lujo que no podemos permitirnos, según el INEGI, la confianza en las instituciones ha caído al 30% en 2025 y la desconfianza entre nosotros, los ciudadanos, es aún más alarmante, cuando reducimos al otro a su voto, perdemos la oportunidad de construir puentes, de entender las razones detrás de sus elecciones, de trabajar juntos para enfrentar problemas como los 30 mil homicidios anuales o una economía que se arrastra.

Nuestra tradición mexicana, tejida con hilos de comunidad, solidaridad y respeto al prójimo, nos llama a ver al otro como un igual, alguien digno de compasión incluso cuando no compartimos sus ideas, pero “disfruta lo votado” traiciona esa herencia con una crueldad implacable, convierte al votante en un blanco de escarnio, como si su decisión electoral lo definiera por completo y justificara cualquier sufrimiento, en lugar de invitar a reflexionar sobre las complejidades de un sistema político que nos falla a todos, esta frase siembra rencor y refuerza la idea de que el otro es el enemigo, en un país donde las heridas sociales —la violencia que no cesa, la pobreza que aplasta, la desconfianza que nos carcome— ya son un abismo, estas palabras son un veneno que no cura, que no educa, que no une, la próxima vez que sienta la tentación de soltar un “disfruta lo votado”, me detendré a preguntarme: ¿qué gano con esto?, ¿es mi enojo más importante que la dignidad del otro?, ¿estoy ayudando a sanar a México o estoy cavando más hondo sus fracturas?, porque al final, todos navegamos el mismo barco y el oleaje nos golpea a todos, votemos por quien votemos, si queremos un país que sane, necesitamos menos frases que hieran y más conversaciones que construyan, la dignidad de cada mexicano, sin importar su boleta, es el único cimiento sobre el que podemos reconstruir lo que nos han roto, dejemos de alimentar la polarización y empecemos a escuchar, porque solo así encontraremos el camino de regreso a un México que sea de todos.