El PRI, un Talleyrand cínico en el México crepuscular de 2025
Soy el Partido Revolucionario Institucional, un espectro que aún deambula por los oscuros callejones de la política mexicana en este amargo 2025, un cadáver maquillado con los restos de mi antigua gloria, miro mi reflejo en Charles Maurice de Talleyrand-Périgord, el gran camaleón de la Francia revolucionaria y me río con una mueca torcida, él, el maestro del cinismo, el que se burló de reyes, revolucionarios y emperadores mientras los veía desmoronarse, es mi espejo, como él, he perfeccionado el arte de escabullirme tras las cortinas del poder, sobreviviendo no por ideales, ni por valentía, sino por una astucia descarada, un pragmatismo sin escrúpulos, en este México donde Morena reina con una arrogancia que yo mismo inventé, me mantengo vivo por puro instinto, un viejo lobo que aún sabe morder, aunque mis colmillos estén desgastados, desde mi corazón podrido pero todavía palpitante, me regodeo en mi decadencia, tejiendo mi historia con la de Talleyrand, desnudando mi hipocresía con una sonrisa cínica, porque como él, sé que la política no es para los puros, sino para los que saben esperar y yo, aunque moribundo, aún tengo un par de jugadas bajo la manga.
En mis días de esplendor, era el titán de México, desde 1929 hasta 2000, fui el arquitecto de una nación, mis presidentes, de Calles a Zedillo, fueron dioses efímeros que dictaban el destino del país, yo era el titiritero, el cerebro detrás del trono, el “dedazo” era mi cetro, con él elegía al sucesor, los caciques eran mis generales, controlando regiones como feudos medievales, los sectores obreros y campesinos, mis rebaños obedientes, cantaban mis loas a cambio de migajas, construí un México posrevolucionario, di voz a los desposeídos, pero los até a mi yugo, modernicé la economía, abrí las puertas al mundo, pero llené mis arcas con sobornos, manipulé elecciones con una elegancia que hacía pasar el fraude por democracia, mi sistema era una obra maestra de control, un autoritarismo disfrazado de progreso, pero el mundo cambió, 2000 fue un puñetazo, el PAN me quito la presidencia, 2012, con Peña, fue un espejismo, un intento torpe de recuperar mi corona, 2018 y 2024 fueron una humillación, Morena, con su maquinaria implacable, me redujo a escombros, ahora en 2025, tengo dos gubernaturas, Coahuila y Durango, un número mísero de escaños en el Senado y en la Cámara de Diputados, soy una sombra, un eco patético de mi grandeza y en esta miseria, me veo en Talleyrand, el hombre que se reía mientras Francia se desangraba.
Talleyrand era un genio del cinismo, un obispo que no creía en Dios, un revolucionario que despreciaba al pueblo, un ministro de Napoleón que conspiraba con sus enemigos, cuando el Reinado del Terror lo acorraló, huyó a Inglaterra y luego a América, dejando que otros pagaran con la guillotina, cuando Napoleón lo llamó, negoció tratados como el de Tilsit, pero ya vendía secretos a rusos y austríacos, anticipando la caída del Corso, en el Congreso de Viena tomó una Francia derrotada y la hizo parecer vencedora, manipulando las rivalidades de las potencias con una sonrisa, su lema, “la traición es solo una cuestión de fechas”, era su credo, y yo, el PRI, soy su heredero, en 2025 enfrento un México donde Morena ha robado mi corona, ha copiado mi manual, controla el Ejecutivo, el Legislativo con mayorías aplastantes y tras las reformas de este año, extiende sus garras al Poder Judicial, ¿qué hago yo?, no me lanzo a una guerra suicida, formo una coalición patética, Fuerza y Corazón por México, con el PAN y el PRD, uno moribundo y otro que no se ha dado cuenta que está muerto, ambos tan desesperados como yo, es mi Viena, un intento risible de parecer relevante mientras Morena se burla desde el trono que yo construí.
Talleyrand no blandía espadas, susurraba en los salones, yo no lleno plazas, negocio en los pasillos, mis líderes Moreno, Moreira, son caricaturas de mi pasado, lanzan comunicados, critican la inseguridad, el narcotráfico, la tibieza del ejecutivo con los migrantes, pero no es valentía, es teatro, en noviembre de 2024, grité contra el “narcogobierno” de Morena, acusé su falta de estrategia, pero no porque me importe la justicia, sino porque necesito que el pueblo recuerde mi nombre, mis gobernadores en Coahuila y Durango son mis últimos feudos, mis legisladores, mis peones en un tablero donde Morena mueve al rey, mi red de caciques, mi maquinaria oxidada, aún moviliza votantes, pero es una farsa, cuando Alejandra del Moral desertó a Morena en 2024, me reí, no era traición, era lógica, Talleyrand habría brindado por ella, yo, que pasé de revolucionario a neoliberal sin pestañear, entiendo el juego, en un México donde 37 candidatos fueron asesinados en las elecciones de 2024, donde Morena usa mi propio manual para aplastar, el heroísmo es un boleto al olvido, y yo no estoy aquí para ser olvidado.
No hay nobleza en mi lucha, solo un cinismo crudo, Talleyrand fue acusado de vendepatrias, pero su hipocresía salvó a Francia de ser despedazada, yo soy acusado de corrupto, de dinosaurio y no lo niego, construí México, pero también lo exprimí, di voz a los campesinos, pero los compré con promesas vacías, abrí la economía, pero llené mis bolsillos, en 2025 mi lucha es por no desaparecer, Moreno es cuestionado, pero mantiene mi estructura a flote, un capitán de un barco que se hunde, Moreira negocia en un Congreso donde somos irrelevantes, mis bases en Coahuila y Durango aún votan por mí, pero es por inercia, no por fe, me presento como defensor del INE, del Poder Judicial, frente a las reformas de Morena, pero no es por amor a la democracia, es por desesperación, mi coalición con el PAN y el PRD es una broma cruel, un pacto de náufragos que se aferran a un salvavidas roto, Talleyrand se habría reído de mi descaro y yo me río conmigo, porque sé que la política no es para los puros, es para los que saben vender su alma al mejor postor.
Talleyrand navegó un mundo donde los reyes caían como moscas, yo enfrento un México donde Morena parece eterno, mis diputados, mis senadores, son una burla comparados con mi pasado, mi maquinaria es un motor que tose, pero aún arranca, mis gobernadores son reliquias, mis caciques, sombras de un tiempo que no vuelve, Morena ha aprendido de mí, ha perfeccionado mi arte, pero yo me niego a aprender de mí mismo, sigo escondiéndome, esperando un error, una grieta, un resbalón, recuerdo cuando controlaba todo, cuando el INE era mi títere, cuando los jueces bailaban a mi ritmo, ahora, Morena hace lo mismo y yo, irónicamente, me quejo, Talleyrand habría admirado la ironía, yo solo puedo reírme, mi cinismo es mi armadura, pero también mi prisión, soy el PRI, el Talleyrand de México, un viejo cínico que aún cree que puede ganar, no por gloria, ni por justicia, sino porque, como él, sé que el poder es un juego de paciencia y yo, aunque moribundo, aún tengo un as bajo la manga.
Pero dejemos las ilusiones, México no es la Francia de Talleyrand, allí, los regímenes caían, las revoluciones abrían puertas, aquí, Morena ha construido un muro, ha tomado mi playbook y lo ha mejorado, sus reformas al Poder Judicial, su control de las instituciones, son un eco de mi propia hegemonía, pero más brutal, más descarada, yo, que inventé el arte de comprar voluntades, ahora veo cómo Morena compra lealtades con una eficiencia que envidio, mis críticas, mis comunicados, son fuegos artificiales, bonitos pero inútiles, mi coalición es un circo, el PAN sueña con un México que nunca existió, el PRD es un cadáver que aún no lo sabe y yo, el PRI, soy el payaso principal, aún hablo de democracia, pero mi historial me traiciona, hablo de seguridad, pero mi pasado está manchado de complicidades, hablo de futuro, pero mi nombre huele a pasado, Talleyrand se salió con la suya porque Europa era un tablero de ajedrez, México es un coliseo, y yo no soy el gladiador, soy el que apuesta desde las gradas.
Aún así, no me rindo, Talleyrand nunca lo hizo, él sabía que el poder es efímero, que los colosos caen, yo espero mi momento, mis gobernadores en Coahuila y Durango son mis últimos bastiones, mis legisladores, aunque pocos, aún negocian, mis caciques, aunque debilitados, aún tienen influencia, en 2025 mientras Morena celebra su dominio yo observo, espero un error, una crisis, un escándalo, la inseguridad que carcome al país, la economía que tambalea, podrían ser mi oportunidad o tal vez no, tal vez soy solo un viejo que se niega a morir, un Talleyrand sin su Viena, un camaleón que ya no encuentra colores para cambiar, pero mientras haya un escenario, seguiré danzando, porque, como él, sé que la política no es para los héroes, ni para los santos, es para los cínicos y en eso, nadie me gana.