Si yo lo dijera

El engaño de la nueva derecha

Si yo lo dijera, diría que la nueva derecha es un espejismo rutilante, un clamor que promete resguardar lo eterno mientras lo rebaja a un espectáculo efímero, en México y en el mundo, esta falacia se revela en el vacío de sus líderes, más histriones que guías, que transforman el conservadurismo en un mercado de indignaciones, traicionan la esencia de una tradición que debería custodiar la dignidad humana, la justicia, el bien común y en su lugar ofrecen un circo de redes sociales que engaña a los corazones sinceros, los empobrece con promesas huecas, los aleja de una vida conforme a la verdad.

En México, la nueva derecha cabalga sobre el desencanto, influencers, colectivos que en X se presentan como defensores de la libertad, la familia, los valores tradicionales, claman contra el “populismo” o la “agenda progresista”, pero sus palabras son ecos vacíos, por ejemplo, organizan marchas como las de 2023 contra reformas electorales, alertan sobre un México al borde del “socialismo”, pero no proponen cómo fortalecer la educación en comunidades marginadas, cómo reducir la brecha de desigualdad que ahoga a millones, sus videos en YouTube, sus hilos en X, acumulan millones de vistas, pero sus soluciones no pasan de burlas, memes, sarcasmos, si yo lo dijera, diría que estos voceros no custodian la vida, la mercadean, sus plataformas son un negocio de clics, sus eventos, como foros recaudan fondos, pero las comunidades que dicen defender siguen fracturadas por la pobreza, la inseguridad.

Otros, autoproclamados defensores de la “democracia”, reaparecen en redes tras años de silencio, critican al gobierno desde canales de YouTube, pero sus discursos son espejismos, en 2018 prometieron un México de orden, de valores, pero sus campañas se desinflaron entre acusaciones de enriquecimiento ilícito, hoy, sus videos atacan al “autoritarismo”, pero no ofrecen un plan para los trabajadores informales, para las familias que enfrentan la violencia en Michoacán, Guanajuato, mientras sus seguidores aplauden, ellos monetizan su indignación, si yo lo dijera, diría que estos “líderes digitales” no liberan, esclavizan, convierten la esperanza en furia, la fe en consigna.

En la política, el cuadro no es distinto, partidos, movimientos que en 2021, 2024 agitaron la bandera de la “tradición”, prometieron un México de familias unidas, de principios firmes, pero sus campañas se agotaron en frases altisonantes, por ejemplo, candidatos han usado el discurso de la “familia tradicional” para ganar votos, juraron proteger la vida desde la concepción, pero sus gestiones ignoran a las mujeres víctimas de violencia o desvían recursos que podrían apoyar a los migrantes que cruzan el país, sus discursos resuenan en iglesias, pero callan ante la corrupción en sus filas, si yo lo dijera, diría que estos falsos profetas no construyen un orden justo, lo simulan, traicionan a quienes confiaron en ellos, desfiguran una visión que debería poner al ser humano en el centro.

El eco resuena, ciertos comentaristas de medios alternativos llenan auditorios con sermones sobre la “decadencia woke”, alertan contra un “globalismo” que amenaza la libertad, pero sus respuestas son tuits incendiarios, conferencias pagadas, no planes para apoyar a los desempleados de los cinturones industriales, líderes que prometen libertad económica, defienden “valores cristianos”, pero sus políticas, como los recortes al gasto social, sirven a élites, ignoran a los trabajadores, partidos nacionalistas agitan la “identidad cristiana” contra la inmigración, pero sus políticas, como las restricciones migratorias son más simbólicas que efectivas, muros que no se levantan, promesas que no se cumplen, si yo lo dijera, diría que esta nueva derecha, en todas sus formas, no defiende la tradición, la caricaturiza.

Estos supuestos líderes comparten un vicio, simplifican lo complejo, polarizan lo humano, venden lo sagrado, transforman el conservadurismo en un espectáculo de memes, cánticos, camisetas, libros, panfletos, donde debería haber reflexión sobria, hay griterío, donde debería haber servicio, hay ego, su retórica esquiva la verdad, que no se agota en slogans, exige sacrificio, humildad, compromiso con los últimos, engañan a quienes buscan un faro en la tormenta, los llevan a un desierto de resentimiento, empobrecen una filosofía que debería ser un canto a la dignidad de cada persona, a la justicia que une, al amor que redime, si yo lo dijera, diría que el conservadurismo verdadero no necesita estridencias, se vive en el silencio del trabajo honesto, en la caridad que no se jacta, en la búsqueda de un mundo donde nadie sea descartado.

En México, en el mundo, es hora de desenmascarar esta falacia, de rechazar a quienes hacen de la fe un arma, de la tradición un negocio, de la esperanza un anzuelo, si yo lo dijera, diría que el camino no está en los falsos profetas de la nueva derecha, está en quienes, sin alzar la voz, construyen con paciencia, sirven con generosidad, custodian la verdad con valentía, un conservadurismo que no se grita en X, que no se agita en marchas, que no se vende en libros, sino que se encarna en una vida recta, en un amor que no calcula, en una justicia que no se rinde.

Si yo lo dijera, diría que no soy nueva derecha.