La ética en los conflictos
Amigo, déjame hablarte desde el alma, como alguien que mira el mundo con ojos conservadores, aferrado a la tradición, la familia, la comunidad, un orden que va más allá de nuestras pasiones humanas, quiero contarte por qué, frente a cualquier conflicto, sea una guerra que arrasa, una disputa que divide o un roce que hiere, la única postura ética, la única que resuena con lo que creo, es buscar la paz con todo el corazón, no es debilidad, no es un sueño de ilusos, es un mandato moral, una brújula que nace de mi manera de entender la vida.
Los conflictos son una herida que sangra en lo que más queremos, no solo por la destrucción que vemos, ciudades en ruinas, vidas rotas, familias destrozadas, sino por algo más profundo, rompen el lazo que nos hace pueblo, nos hace humanos, ese vínculo que nos deja ver en el otro a un hermano, no a un enemigo, alguien con una dignidad que no se toca, cuando el odio grita, cuando las armas rugen, ese respeto se pierde y con él se va algo esencial de lo que somos, para alguien como yo, que defiende la armonía, la comunidad, el valor de cada alma, esto es un golpe que no se puede ignorar.
No pienses que cierro los ojos ante la injusticia, sé que hay veces que hay que plantarse, que defender la libertad, la familia, lo que es justo, pide coraje, a veces fuerza, pero esa lucha nunca es el fin, es un paso hacia algo mayor, sanar, unir, devolver a la gente la chance de vivir sin miedo, si la guerra, en algún momento, no se puede evitar, nunca debe ser un trofeo, ni un deseo, es una tragedia que duele, que pide a gritos su fin, porque lo que de verdad queremos es un mundo donde los hijos crezcan libres, las familias estén enteras, las comunidades se levanten en confianza.
La ética en los conflictos nos llama a tender puentes, no a quemarlos, no se trata de borrar las diferencias, ni de fingir que todos pensamos igual, se trata de ver que más allá de banderas, ideas o fronteras, hay algo que nos junta, la dignidad de cada uno, la esperanza de un mundo donde el respeto sea lo primero, buscar la paz es valentía pura, es resistir al caos, es elegir hablar aunque cueste, dar la mano aunque esté herida, buscar salidas que cuiden a todos aunque el camino sea largo, no es rendirse, no es ceder por miedo, es tener la fuerza de poner el bien de todos por encima del rencor, de elegir el abrazo sobre el puño.
Para mí, la paz no es solo un anhelo, es un deber, es la meta hacia la que hay que caminar, no porque sea fácil, sino porque es lo único que da sentido a nuestra pelea por un mundo mejor, en los conflictos, la ética nos susurra que no importa quién gana, sino qué mundo dejamos, uno donde el odio siga envenenando, o uno donde la paz, aunque frágil, sea nuestra herencia, porque lo que nos hace grandes no es el filo de la espada, sino la firmeza de nuestra voluntad para curar, para juntar, para construir.
La paz es el único sendero digno para quienes creemos que cada vida vale más que cualquier disputa y mientras nos quede un soplo de aire, ese camino debe guiarnos, porque solo en la paz hallamos el sentido de lo que es ser humano, de lo que es honrar ese orden mayor que da luz a nuestra existencia.