Respeto

Ser una oposición que el poder respete

Como mexicano, arraigado en los valores que han forjado la identidad de nuestra nación, en la fe en su pueblo y en la convicción de que México merece un futuro digno, me urge reflexionar sobre lo que significa ser una verdadera oposición, no una que se pierda en críticas huecas, en descalificaciones sin sustento o en la comodidad de la queja perpetua, sino una que el poder, cualquier poder, no pueda desestimar porque su fuerza emana de la verdad, de la razón, de una visión clara y de un compromiso absoluto con el bien común, ser oposición no es solo criticar, sino proponer un camino mejor con argumentos sólidos, lamentablemente, esto hoy no lo hace la oposición en México y por eso el gobierno la desprecia, la minimiza y la ignora, actuando sin temor a un contrapeso que lo desafíe con ideas, con propuestas, con la voz de un pueblo que clama por justicia y esperanza.

Ser oposición es asumir una responsabilidad histórica, no es un juego de egos, no es un espacio para ambiciones personales ni un pretexto para dividir a la sociedad, es la tarea de defender principios que trascienden el momento político, la dignidad inalienable de cada persona, la libertad para que cada mexicano pueda construir su destino con esfuerzo y seguridad, el respeto a la familia como cimiento de nuestra convivencia, la justicia que no permite que los más vulnerables sean olvidados, la solidaridad que nos une como nación frente a los retos comunes, estos valores son la brújula de una oposición auténtica, pero hoy, en México, la oposición parece haber extraviado ese rumbo, se enreda en disputas internas, en estrategias cortoplacistas, en un discurso que no trasciende las élites, que no llega a las comunidades, que no toca el corazón de quienes sostienen este país con su trabajo diario, por eso el gobierno la desdeña, porque no ve en ella una fuerza que represente al pueblo, sino un conjunto de voces descoordinadas, incapaces de articular un proyecto que inspire confianza.

El poder actual, atrincherado en su narrativa, se aprovecha de esta orfandad, cuando la oposición se limita a reaccionar, a señalar errores sin ofrecer soluciones, a gritar sin construir, se convierte en un adversario irrelevante, un eco que se disipa en el ruido político, el gobierno no la respeta porque no siente en ella una alternativa real, no por su capacidad de resistencia, sino por su incapacidad de visión, una oposición que aspire a ser tomada en serio debe ser audaz, debe hablar con claridad, debe proponer con inteligencia, debe presentar un plan de nación que no solo denuncie las fallas, sino que trace un camino hacia la prosperidad, hacia la reconciliación, hacia un México donde las instituciones sean fuertes, donde la ley sea un escudo para todos, donde la economía no excluya a nadie, pero la oposición actual, fragmentada, atrapada en sus propios cálculos, no logra esa claridad y el poder, confiado, la ignora, sabiendo que no enfrenta un desafío que lo obligue a rendir cuentas.

Ser oposición también es saber escuchar, México no es un solo rostro, es un mosaico de realidades, de historias, de sueños y dolores, desde las sierras donde las comunidades indígenas resisten el abandono, hasta las colonias urbanas donde las familias enfrentan la inseguridad, desde los campos donde los agricultores luchan contra la indiferencia, hasta las aulas donde los jóvenes buscan un futuro que parece escapárseles, una oposición que quiera ser respetada debe caminar esas realidades, debe entender las angustias de los padres que no saben si sus hijos estarán seguros al salir de casa, de los trabajadores que ven su salario consumido por la inflación, de los emprendedores que enfrentan trabas burocráticas, debe hablar con ellos, no sobre ellos, pero hoy, la oposición parece distante, encerrada en debates que no resuenan en las plazas, en agendas que no reflejan las prioridades de la gente, por eso el gobierno la minimiza, porque no percibe en ella la voz de un pueblo unido, sino el murmullo de intereses que no logran converger.

Una oposición que el poder respete no se rinde ante la adversidad, no se doblega ante la tentación de imitar las tácticas del poder, no cae en la trampa de prometer lo imposible ni de alimentar la polarización, es una oposición que educa, que despierta conciencias, que recuerda a los ciudadanos que su poder no se agota en un voto, sino que se ejerce en la participación constante, en la vigilancia de las instituciones, en la defensa de los valores que nos hacen fuertes, es una oposición que no solo critica la corrupción, sino que propone mecanismos para erradicarla, que no solo lamenta la pobreza, sino que plantea políticas para combatirla, que no solo denuncia la inseguridad, sino que ofrece estrategias para devolver la paz, hoy, la oposición mexicana no cumple con esta tarea, sus propuestas, cuando existen, son tímidas, desarticuladas, carentes de la fuerza necesaria para movilizar a la sociedad y el gobierno, consciente de esta debilidad, la trata como un adversario menor, un obstáculo que puede sortear sin esfuerzo.

Sin embargo, México tiene una historia de resiliencia, de momentos en que el pueblo, guiado por principios firmes, ha superado desafíos que parecían insalvables, ser oposición es mantener viva esa llama, es trabajar incansablemente por un país donde la libertad no sea un privilegio, donde la justicia no sea una excepción, donde la solidaridad no sea una palabra vacía, para que el gobierno deje de despreciar a la oposición, esta debe reinventarse, debe abandonar la queja estéril y abrazar la propuesta audaz, debe superar sus divisiones y construir una unidad basada en lo esencial, debe hablarle al pueblo con verdad, con esperanza, con un proyecto que no solo critique el presente, sino que ilumine el futuro, debe ser una oposición que no se conforme con existir, sino que aspire a transformar, solo entonces será una fuerza que el poder no pueda ignorar, solo entonces será la oposición que México necesita, una oposición que no solo resista, sino que lidere el camino hacia un país mejor, más justo, más humano.

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