Un grito de Amor

Mantener las drogas recreativas ilegales para salvar a nuestras familias

En la quietud de la noche, una madre abraza la foto de su hijo, perdido en el abismo de la adicción, preguntándose dónde se torció el camino. Un padre regresa agotado del trabajo, buscando consuelo en un hogar fracturado por las drogas, una hermana pequeña, con el corazón encogido, ve a su hermano mayor convertirse en un extraño, atrapado por sustancias que prometían diversión, pero entregaron cadenas, estos no son historias inventadas, son el eco desgarrador de familias destrozadas por las drogas recreativas, mantener su ilegalidad no es solo un asunto de leyes, es un acto de amor profundo, un compromiso con proteger la esperanza, la dignidad y el futuro de quienes más amamos, reconociendo que la recreación es una cosa y el uso médico estrictamente regulado es otra completamente distinta.

Las familias son el alma de toda comunidad, el refugio donde nacen los sueños, donde se forjan los valores, donde aprendemos a amar, a sacrificarnos, a perseverar, pero las drogas recreativas, presentadas como un pasatiempo inofensivo o un derecho personal, irrumpen como un huracán, destruyendo todo a su paso, no se conforman con dañar al que las consume, su veneno se extiende como un incendio, quemando los lazos que unen a padres, hijos, hermanos, esposos, una sola persona atrapada en la adicción puede transformar un hogar lleno de risas en un lugar de dolor, desconfianza, abandono, pensemos en lo que significa ser familia: el abrazo cálido de una madre leyendo un cuento a su hijo, el orgullo de un padre viendo a su hija graduarse, las confidencias compartidas entre hermanos en la mesa de la cocina, cuando las drogas recreativas entran, esos momentos se desvanecen, el adicto, atrapado en una búsqueda desesperada de un alivio fugaz, se aleja de quienes lo aman, los padres se desgastan en noches de insomnio, preguntándose qué hicieron mal, los hijos crecen con un vacío donde debería estar un modelo a seguir, los hogares, que deberían ser santuarios de amor, se convierten en campos de batalla donde el dolor y la desesperanza ganan terreno.

Es crucial distinguir entre el uso recreativo y el médico, la legalización con fines médicos, bajo estricta supervisión profesional, busca aliviar el sufrimiento de pacientes con condiciones específicas, siempre con el objetivo de preservar la vida y la dignidad, pero la recreación es un terreno diferente, un camino que abre la puerta al abuso, a la dependencia, a la destrucción, legalizar las drogas recreativas normaliza su consumo, envía un mensaje venenoso, especialmente a los jóvenes, que aún están descubriendo quiénes son, qué quieren de la vida, decirles que consumir estas sustancias por diversión es una opción válida es como sugerirles que apaguen sus sueños, que renuncien a su potencial, que traicionen el amor de sus familias por un instante de euforia, la verdadera libertad no está en ceder a impulsos que esclavizan, sino en construir una vida plena, rodeada de relaciones auténticas, propósitos que trascienden lo inmediato, cada joven que cae en la adicción es una herida en el corazón de su familia, una promesa rota, una chispa que se extingue antes de brillar.

La realidad es cruda: en lugares donde se han legalizado drogas recreativas como la marihuana, el consumo entre adolescentes ha crecido, junto con problemas de salud mental, accidentes relacionados con sustancias, una carga insostenible para los sistemas de salud, pero más allá de los números, están las historias humanas: familias que han perdido a sus seres queridos en sobredosis, padres que gastan sus ahorros en tratamientos de rehabilitación, niños que crecen preguntándose por qué su hogar se siente vacío, el costo de la adicción no se mide solo en dinero, sino en lágrimas, en noches sin dormir, en sueños que nunca se cumplirán.

Proteger a las familias no se reduce a prohibir, es un acto de amor que debe ir de la mano con la compasión, debemos tender una mano a quienes luchan contra la adicción, ofrecerles caminos de sanación, escuchar sus historias, devolverles la esperanza, pero la prevención es el primer paso, mantener las drogas recreativas ilegales es una barrera esencial para evitar que más familias caigan en el abismo, es un compromiso con los padres que quieren ver a sus hijos crecer fuertes, con los hermanos que desean compartir risas y no tragedias, con los esposos que sueñan con un futuro juntos.

Imaginemos el mundo que queremos dejar a nuestras familias: ¿un lugar donde las drogas recreativas sean una tentación normalizada, acechando en cada esquina o un mundo donde el amor, la esperanza, la fortaleza familiar sean los valores que guíen nuestras leyes, nuestras vidas?, mantener la ilegalidad de las drogas recreativas, distinta del uso médico controlado, es un grito desde el corazón, una promesa de que no abandonaremos a nuestras familias, de que lucharemos por un futuro donde cada hogar pueda ser un refugio de amor, no un campo de ruinas, porque cuando protegemos a la familia, protegemos lo mejor de nosotros mismos: nuestra capacidad de amar, de soñar, de construir un mañana lleno de esperanza.

¿Qué clase de políticos queremos?, ¿Los que no entienden el problema real y solo buscan aprobación, fumándose un porro para la foto o los que conocen el sufrimiento de los adictos, pero sobre todo de las familias y actúan con valentía para protegerlas?

Lo tenemos claro yo me pongo del lado de las familias.

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