Quiero explicarles lo que “El Camino de la Dignidad” significa para mí y para la Ciudad de México, lo que se ha plasmado en este documento, es mucho más que un plan político; es una guía que he adoptado con el corazón, una visión que propongo para transformar nuestra ciudad en el siglo XXI y quiero compartirla.
Primero, déjenme decirles que nuestro manifiesto pone la vida en el centro de todo, creo firmemente que la vida es sagrada, desde el momento de la concepción hasta el último suspiro y aquí se establece el compromiso a protegerla, rechazando el aborto y la eutanasia, proponiendo usar los recursos para apoyar a mujeres embarazadas en crisis, crear centros de protección para adultos mayores y personas en situación de calle, construir hospitales con tecnología avanzada, esto no es solo una promesa; es un acto de amor hacia los más vulnerables, un cambio que quiero ver en nuestra ciudad.
Luego está la familia, que yo considero el alma de nuestra sociedad, veo cómo la pobreza y la violencia la están desgastando y en este manifiesto pongo la esperanza al proponer centros comunitarios con guarderías gratuitas, talleres de oficios para padres y clases de valores para los niños, me emociona pensar que podemos rescatar fondos de programas que no funcionan y usarlos para fortalecer a las familias, para que sean el refugio seguro que todos merecemos.
La libertad es otro pilar que me apasiona explicar, defendemos el derecho de cada mexicano a vivir según su conciencia y su fe, sin miedo a represalias, médicos y maestros protegiendo sus convicciones y pequeños empresarios liberados de trámites excesivos gracias a impuestos justos y microcréditos, para mí, esto no es solo economía; es devolverle la dignidad a la gente para que pueda soñar y construir.
La educación, como yo la entiendo, debe formar corazones y mentes, este manifiesto lo refleja, anhelo ver aulas modernas, maestros capacitados en civismo y ética, asignaturas que enseñen historia y valores para que nuestros jóvenes amen a México, inversión en ciencia, tecnología y salud—hospitales, clínicas y apoyo para adicciones—me hace soñar con una ciudad que avance y sane al mismo tiempo.
No puedo pasar por alto el transporte y la infraestructura, yo sé lo frustrante que es perder horas en sistemas colapsados, por eso me emociona comprometerme a tener un metro eficiente, eficaz y digno, autobuses limpios, caminos duraderos, hechos bien desde el principio, captadores de agua, energía renovable y redes eléctricas, veo una ciudad que crece respetando la naturaleza, dejando un legado para nuestros hijos.
La seguridad también me preocupa y este manifiesto aborda eso con valentía, propongo una policía local bien equipada y capacitada, que proteja nuestras calles, mientras los militares regresan a defender la soberanía, tolerancia cero contra el crimen—trata, abuso, secuestros—y un sistema judicial honesto me dan la certeza de que podemos construir paz basada en la verdad, incluso el derecho a la legítima defensa, con reglas claras, me parece un paso hacia empoderar a los ciudadanos cuando el Estado falla.
Finalmente, este manifiesto llama a actuar, como siempre he dicho con convicción, los valores no se negocian y yo me comprometo a llevar esta visión a cada rincón de la ciudad, desde los barrios más humildes hasta las instituciones, quiero una Ciudad de México donde la vida sea sagrada, las familias sean fuertes y todos podamos vivir libres y seguros, brillando en el mundo con nuestra identidad, este es mi compromiso y les invito a unirse a “El Camino de la Dignidad” para hacer de nuestra ciudad un ejemplo de esperanza y progreso.
Mi convicción es tocar puertas en toda Institución política que acepte esta línea conservadora, irrenunciable en sus principios y convicciones, ya es momento que los conservadores abramos paso y nos incorporemos en aquellos lugares donde podamos expresarnos, pero ante todo donde podamos participar, construir y aportar nuestra visión en la política de nuestra hermosa y bella Ciudad de México.
El tiempo de las ilusiones ha pasado, tenemos que ir y tomar nuestro espacio donde valoren la representación social que tenemos, por que si no lo hacemos, pasaremos 6 o 12 años más viendo como México se mueve sin nosotros.